ESPECIALIZACIÓN INFORMÁTICA EDUCATIVA

jueves, 14 de noviembre de 2013

LITERATURA DE LA VANGUARDIA, JORGE LUIS BORGES GRADO 9

El milagro secreto
[Cuento. Texto completo]

Jorge Luis Borges

Y Dios lo hizo morir durante cien años
y luego lo animó y le dijo:
-¿Cuánto tiempo has estado aquí?
-Un día o parte de un día, respondió.

Alcorán, II, 261.

La noche del catorce de marzo de 1939, en un departamento de la Zeltnergasse de Praga, Jaromir Hladík, autor de la inconclusa tragedia Los enemigos, de una Vindicación de la eternidad y de un examen de las indirectas fuentes judías de Jakob Boehme, soñó con un largo ajedrez. No lo disputaban dos individuos sino dos familias ilustres; la partida había sido entablada hace muchos siglos; nadie era capaz de nombrar el olvidado premio, pero se murmuraba que era enorme y quizá infinito; las piezas y el tablero estaban en una torre secreta; Jaromir (en el sueño) era el primogénito de una de las familias hostiles; en los relojes resonaba la hora de la impostergable jugada; el soñador corría por las arenas de un desierto lluvioso y no lograba recordar las figuras ni las leyes del ajedrez. En ese punto, se despertó. Cesaron los estruendos de la lluvia y de los terribles relojes. Un ruido acompasado y unánime, cortado por algunas voces de mando, subía de la Zeltnergasse. Era el amanecer, las blindadas vanguardias del Tercer Reich entraban en Praga.

El diecinueve, las autoridades recibieron una denuncia; el mismo diecinueve, al atardecer, Jaromir Hladík fue arrestado. Lo condujeron a un cuartel aséptico y blanco, en la ribera opuesta del Moldau. No pudo levantar uno solo de los cargos de la Gestapo: su apellido materno era Jaroslavski, su sangre era judía, su estudio sobre Boehme era judaizante, su firma delataba el censo final de una protesta contra el Anschluss. En 1928, había traducido el Sepher Yezirah para la editorial Hermann Barsdorf; el efusivo catálogo de esa casa había exagerado comercialmente el renombre del traductor; ese catálogo fue hojeado por Julius Rothe, uno de los jefes en cuyas manos estaba la suerte de Hladík. No hay hombre que, fuera de su especialidad, no sea crédulo; dos o tres adjetivos en letra gótica bastaron para que Julius Rothe admitiera la preeminencia de Hladík y dispusiera que lo condenaran a muerte, pour encourager les autres. Se fijó el día veintinueve de marzo, a las nueve a.m. Esa demora (cuya importancia apreciará después el lector) se debía al deseo administrativo de obrar impersonal y pausadamente, como los vegetales y los planetas.

El primer sentimiento de Hladík fue de mero terror. Pensó que no lo hubieran arredrado la horca, la decapitación o el degüello, pero que morir fusilado era intolerable. En vano se redijo que el acto puro y general de morir era lo temible, no las circunstancias concretas. No se cansaba de imaginar esas circunstancias: absurdamente procuraba agotar todas las variaciones. Anticipaba infinitamente el proceso, desde el insomne amanecer hasta la misteriosa descarga. Antes del día prefijado por Julius Rothe, murió centenares de muertes, en patios cuyas formas y cuyos ángulos fatigaban la geometría, ametrallado por soldados variables, en número cambiante, que a veces lo ultimaban desde lejos; otras, desde muy cerca. Afrontaba con verdadero temor (quizá con verdadero coraje) esas ejecuciones imaginarias; cada simulacro duraba unos pocos segundos; cerrado el círculo, Jaromir interminablemente volvía a las trémulas vísperas de su muerte. Luego reflexionó que la realidad no suele coincidir con las previsiones; con lógica perversa infirió que prever un detalle circunstancial es impedir que éste suceda. Fiel a esa débil magia, inventaba, para que no sucedieran, rasgos atroces; naturalmente, acabó por temer que esos rasgos fueran proféticos. Miserable en la noche, procuraba afirmarse de algún modo en la sustancia fugitiva del tiempo. Sabía que éste se precipitaba hacia el alba del día veintinueve; razonaba en voz alta: Ahora estoy en la noche del veintidós; mientras dure esta noche (y seis noches más) soy invulnerable, inmortal. Pensaba que las noches de sueño eran piletas hondas y oscuras en las que podía sumergirse. A veces anhelaba con impaciencia la definitiva descarga, que lo redimiría, mal o bien, de su vana tarea de imaginar. El veintiocho, cuando el último ocaso reverberaba en los altos barrotes, lo desvió de esas consideraciones abyectas la imagen de su drama Los enemigos.

Hladík había rebasado los cuarenta años. Fuera de algunas amistades y de muchas costumbres, el problemático ejercicio de la literatura constituía su vida; como todo escritor, medía las virtudes de los otros por lo ejecutado por ellos y pedía que los otros lo midieran por lo que vislumbraba o planeaba. Todos los libros que había dado a la estampa le infundían un complejo arrepentimiento. En sus exámenes de la obra de Boehme, de Abnesra y de Flood, había intervenido esencialmente la mera aplicación; en su traducción del Sepher Yezirah, la negligencia, la fatiga y la conjetura. Juzgaba menos deficiente, tal vez, la Vindicación de la eternidad: el primer volumen historia las diversas eternidades que han ideado los hombres, desde el inmóvil Ser de Parménides hasta el pasado modificable de Hinton; el segundo niega (con Francis Bradley) que todos los hechos del universo integran una serie temporal. Arguye que no es infinita la cifra de las posibles experiencias del hombre y que basta una sola "repetición" para demostrar que el tiempo es una falacia... Desdichadamente, no son menos falaces los argumentos que demuestran esa falacia; Hladík solía recorrerlos con cierta desdeñosa perplejidad. También había redactado una serie de poemas expresionistas; éstos, para confusión del poeta, figuraron en una antología de 1924 y no hubo antología posterior que no los heredara. De todo ese pasado equívoco y lánguido quería redimirse Hladík con el drama en verso Los enemigos. (Hladík preconizaba el verso, porque impide que los espectadores olviden la irrealidad, que es condición del arte.)

Este drama observaba las unidades de tiempo, de lugar y de acción; transcurría en Hradcany, en la biblioteca del barón de Roemerstadt, en una de las últimas tardes del siglo diecinueve. En la primera escena del primer acto, un desconocido visita a Roemerstadt. (Un reloj da las siete, una vehemencia de último sol exalta los cristales, el aire trae una arrebatada y reconocible música húngara.) A esta visita siguen otras; Roemerstadt no conoce las personas que lo importunan, pero tiene la incómoda impresión de haberlos visto ya, tal vez en un sueño. Todos exageradamente lo halagan, pero es notorio -primero para los espectadores del drama, luego para el mismo barón- que son enemigos secretos, conjurados para perderlo. Roemerstadt logra detener o burlar sus complejas intrigas; en el diálogo, aluden a su novia, Julia de Weidenau, y a un tal Jaroslav Kubin, que alguna vez la importunó con su amor. Éste, ahora, se ha enloquecido y cree ser Roemerstadt... Los peligros arrecian; Roemerstadt, al cabo del segundo acto, se ve en la obligación de matar a un conspirador. Empieza el tercer acto, el último. Crecen gradualmente las incoherencias: vuelven actores que parecían descartados ya de la trama; vuelve, por un instante, el hombre matado por Roemerstadt. Alguien hace notar que no ha atardecido: el reloj da las siete, en los altos cristales reverbera el sol occidental, el aire trae la arrebatada música húngara. Aparece el primer interlocutor y repite las palabras que pronunció en la primera escena del primer acto. Roemerstadt le habla sin asombro; el espectador entiende que Roemerstadt es el miserable Jaroslav Kubin. El drama no ha ocurrido: es el delirio circular que interminablemente vive y revive Kubin.

Nunca se había preguntado Hladík si esa tragicomedia de errores era baladí o admirable, rigurosa o casual. En el argumento que he bosquejado intuía la invención más apta para disimular sus defectos y para ejercitar sus felicidades, la posibilidad de rescatar (de manera simbólica) lo fundamental de su vida. Había terminado ya el primer acto y alguna escena del tercero; el carácter métrico de la obra le permitía examinarla continuamente, rectificando los hexámetros, sin el manuscrito a la vista. Pensó que aun le faltaban dos actos y que muy pronto iba a morir. Habló con Dios en la oscuridad. Si de algún modo existo, si no soy una de tus repeticiones y erratas, existo como autor de Los enemigos. Para llevar a término ese drama, que puede justificarme y justificarte, requiero un año más. Otórgame esos días, Tú de Quien son los siglos y el tiempo. Era la última noche, la más atroz, pero diez minutos después el sueño lo anegó como un agua oscura.

Hacia el alba, soñó que se había ocultado en una de las naves de la biblioteca del Clementinum. Un bibliotecario de gafas negras le preguntó: ¿Qué busca? Hladík le replicó: Busco a Dios. El bibliotecario le dijo: Dios está en una de las letras de una de las páginas de uno de los cuatrocientos mil tomos del Clementinum. Mis padres y los padres de mis padres han buscado esa letra; yo me he quedado ciego, buscándola. Se quitó las gafas y Hladík vio los ojos, que estaban muertos. Un lector entró a devolver un atlas. Este atlas es inútil, dijo, y se lo dio a Hladík. Éste lo abrió al azar. Vio un mapa de la India, vertiginoso. Bruscamente seguro, tocó una de las mínimas letras. Una voz ubicua le dijo: El tiempo de tu labor ha sido otorgado. Aquí Hladík se despertó.

Recordó que los sueños de los hombres pertenecen a Dios y que Maimónides ha escrito que son divinas las palabras de un sueño, cuando son distintas y claras y no se puede ver quien las dijo. Se vistió; dos soldados entraron en la celda y le ordenaron que los siguiera.

Del otro lado de la puerta, Hladík había previsto un laberinto de galerías, escaleras y pabellones. La realidad fue menos rica: bajaron a un traspatio por una sola escalera de fierro. Varios soldados -alguno de uniforme desabrochado- revisaban una motocicleta y la discutían. El sargento miró el reloj: eran las ocho y cuarenta y cuatro minutos. Había que esperar que dieran las nueve. Hladík, más insignificante que desdichado, se sentó en un montón de leña. Advirtió que los ojos de los soldados rehuían los suyos. Para aliviar la espera, el sargento le entregó un cigarrillo. Hladík no fumaba; lo aceptó por cortesía o por humildad. Al encenderlo, vio que le temblaban las manos. El día se nubló; los soldados hablaban en voz baja como si él ya estuviera muerto. Vanamente, procuró recordar a la mujer cuyo símbolo era Julia de Weidenau...

El piquete se formó, se cuadró. Hladík, de pie contra la pared del cuartel, esperó la descarga. Alguien temió que la pared quedara maculada de sangre; entonces le ordenaron al reo que avanzara unos pasos. Hladík, absurdamente, recordó las vacilaciones preliminares de los fotógrafos. Una pesada gota de lluvia rozó una de las sienes de Hladík y rodó lentamente por su mejilla; el sargento vociferó la orden final.

El universo físico se detuvo.

Las armas convergían sobre Hladík, pero los hombres que iban a matarlo estaban inmóviles. El brazo del sargento eternizaba un ademán inconcluso. En una baldosa del patio una abeja proyectaba una sombra fija. El viento había cesado, como en un cuadro. Hladík ensayó un grito, una sílaba, la torsión de una mano. Comprendió que estaba paralizado. No le llegaba ni el más tenue rumor del impedido mundo. Pensó estoy en el infierno, estoy muerto. Pensó estoy loco. Pensó el tiempo se ha detenido. Luego reflexionó que en tal caso, también se hubiera detenido su pensamiento. Quiso ponerlo a prueba: repitió (sin mover los labios) la misteriosa cuarta égloga de Virgilio. Imaginó que los ya remotos soldados compartían su angustia: anheló comunicarse con ellos. Le asombró no sentir ninguna fatiga, ni siquiera el vértigo de su larga inmovilidad. Durmió, al cabo de un plazo indeterminado. Al despertar, el mundo seguía inmóvil y sordo. En su mejilla perduraba la gota de agua; en el patio, la sombra de la abeja; el humo del cigarrillo que había tirado no acababa nunca de dispersarse. Otro "día" pasó, antes que Hladík entendiera.

Un año entero había solicitado de Dios para terminar su labor: un año le otorgaba su omnipotencia. Dios operaba para él un milagro secreto: lo mataría el plomo alemán, en la hora determinada, pero en su mente un año transcurría entre la orden y la ejecución de la orden. De la perplejidad pasó al estupor, del estupor a la resignación, de la resignación a la súbita gratitud.

No disponía de otro documento que la memoria; el aprendizaje de cada hexámetro que agregaba le impuso un afortunado rigor que no sospechan quienes aventuran y olvidan párrafos interinos y vagos. No trabajó para la posteridad ni aun para Dios, de cuyas preferencias literarias poco sabía. Minucioso, inmóvil, secreto, urdió en el tiempo su alto laberinto invisible. Rehizo el tercer acto dos veces. Borró algún símbolo demasiado evidente: las repetidas campanadas, la música. Ninguna circunstancia lo importunaba. Omitió, abrevió, amplificó; en algún caso, optó por la versión primitiva. Llegó a querer el patio, el cuartel; uno de los rostros que lo enfrentaban modificó su concepción del carácter de Roemerstadt. Descubrió que las arduas cacofonías que alarmaron tanto a Flaubert son meras supersticiones visuales: debilidades y molestias de la palabra escrita, no de la palabra sonora... Dio término a su drama: no le faltaba ya resolver sino un solo epíteto. Lo encontró; la gota de agua resbaló en su mejilla. Inició un grito enloquecido, movió la cara, la cuádruple descarga lo derribó.

Jaromir Hladík murió el veintinueve de marzo, a las nueve y dos minutos de la mañana.



La intrusa
[Cuento. Texto completo]
Jorge Luis Borges
Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido. La segunda versión, algo más prolija, confirmaba en suma la de Santiago, con las pequeñas variaciones y divergencias que son del caso. La escribo ahora porque en ella se cifra, si no me engaño, un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos. Lo haré con probidad, pero ya preveo que cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor.
En Turdera los llamaban los Nilsen. El párroco me dijo que su predecesor recordaba, no sin sorpresa, haber visto en la casa de esa gente una gastada Biblia de tapas negras, con caracteres góticos; en las últimas páginas entrevió nombres y fechas manuscritas. Era el único libro que había en la casa. La azarosa crónica de los Nilsen, perdida como todo se perderá. El caserón, que ya no existe, era de ladrillo sin revocar; desde el zaguán se divisaban un patio de baldosa colorada y otro de tierra. Pocos, por lo demás, entraron ahí; los Nilsen defendían su soledad. En las habitaciones desmanteladas dormían en catres; sus lujos eran el caballo, el apero, la daga de hojas corta, el atuendo rumboso de los sábados y el alcohol pendenciero. Sé que eran altos, de melena rojiza. Dinamarca o Irlanda, de las que nunca oirían hablar, andaban por la sangre de esos dos criollos. El barrio los temía a los Colorados; no es imposible que debieran alguna muerte. Hombro a hombro pelearon una vez a la policía. Se dice que el menor tuvo un altercado con Juan Iberra, en el que no llevó la peor parte, lo cual, según los entendidos, es mucho. Fueron troperos, cuarteadores, cuatreros y alguna vez tahúres. Tenían fama de avaros, salvo cuando la bebida y el juego los volvían generosos. De sus deudos nada se sabe y ni de dónde vinieron. Eran dueños de una carreta y una yunta de bueyes.
Físicamente diferían del compadraje que dio su apodo forajido a la Costa Brava. Esto, y lo que ignoramos, ayuda a comprender lo unidos que fueron. Malquistarse con uno era contar con dos enemigos.
Los Nilsen eran calaveras, pero sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala. No faltaron, pues, comentarios cuando Cristián llevó a vivir con él a Juliana Burgos. Es verdad que ganaba así una sirvienta, pero no es menos cierto que la colmó de horrendas baratijas y que la lucía en las fiestas. En las pobres fiestas de conventillo, donde la quebrada y el corte estaban prohibidos y donde se bailaba, todavía, con mucha luz. Juliana era de tez morena y de ojos rasgados; bastaba que alguien la mirara, para que se sonriera. En un barrio modesto, donde el trabajo y el descuido gastan a las mujeres, no era mal parecida.
Eduardo los acompañaba al principio. Después emprendió un viaje a Arrecifes por no sé qué negocio; a su vuelta llevó a la casa una muchacha, que había levantado por el camino, y a los pocos días la echó. Se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián. El barrio, que tal vez lo supo antes que él, previó con alevosa alegría la rivalidad latente de los hermanos.
Una noche, al volver tarde de la esquina, Eduardo vio el oscuro de Cristián atado al palenque En el patio, el mayor estaba esperándolo con sus mejores pilchas. La mujer iba y venía con el mate en la mano. Cristián le dijo a Eduardo:
-Yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, usala.
El tono era entre mandón y cordial. Eduardo se quedó un tiempo mirándolo; no sabía qué hacer. Cristián se levantó, se despidió de Eduardo, no de Juliana, que era una cosa, montó a caballo y se fue al trote, sin apuro.
Desde aquella noche la compartieron. Nadie sabrá los pormenores de esa sórdida unión, que ultrajaba las decencias del arrabal. El arreglo anduvo bien por unas semanas, pero no podía durar. Entre ellos, los hermanos no pronunciaban el nombre de Juliana, ni siquiera para llamarla, pero buscaban, y encontraban razones para no estar de acuerdo. Discutían la venta de unos cueros, pero lo que discutían era otra cosa. Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba.
Una tarde, en la plaza de Lomas, Eduardo se cruzó con Juan Iberra, que lo felicitó por ese primor que se había agenciado. Fue entonces, creo, que Eduardo lo injurió. Nadie, delante de él, iba a hacer burla de Cristián.
La mujer atendía a los dos con sumisión bestial; pero no podía ocultar alguna preferencia por el menor, que no había rechazado la participación, pero que no la había dispuesto.
Un día, le mandaron a la Juliana que sacara dos sillas al primer patio y que no apareciera por ahí, porque tenían que hablar. Ella esperaba un diálogo largo y se acostó a dormir la siesta, pero al rato la recordaron. Le hicieron llenar una bolsa con todo lo que tenía, sin olvidar el rosario de vidrio y la crucecita que le había dejado su madre. Sin explicarle nada la subieron a la carreta y emprendieron un silencioso y tedioso viaje. Había llovido; los caminos estaban muy pesados y serían las once de la noche cuando llegaron a Morón. Ahí la vendieron a la patrona del prostíbulo. El trato ya estaba hecho; Cristián cobró la suma y la dividió después con el otro.
En Turdera, los Nilsen, perdidos hasta entonces en la mañana (que también era una rutina) de aquel monstruoso amor, quisieron reanudar su antigua vida de hombres entre hombres. Volvieron a las trucadas, al reñidero, a las juergas casuales. Acaso, alguna vez, se creyeron salvados, pero solían incurrir, cada cual por su lado, en injustificadas o harto justificadas ausencias. Poco antes de fin de año el menor dijo que tenía que hacer en la Capital. Cristián se fue a Morón; en el palenque de la casa que sabemos reconoció al overo de Eduardo. Entró; adentro estaba el otro, esperando turno. Parece que Cristián le dijo:
-De seguir así, los vamos a cansar a los pingos. Más vale que la tengamos a mano.
Habló con la patrona, sacó unas monedas del tirador y se la llevaron. La Juliana iba con Cristián; Eduardo espoleó al overo para no verlos.
Volvieron a lo que ya se ha dicho. La infame solución había fracasado; los dos habían cedido a la tentación de hacer trampa. Caín andaba por ahí, pero el cariño entre los Nilsen era muy grande -¡quién sabe qué rigores y qué peligros habían compartido!- y prefirieron desahogar su exasperación con ajenos. Con un desconocido, con los perros, con la Juliana, que habían traído la discordia.
El mes de marzo estaba por concluir y el calor no cejaba. Un domingo (los domingos la gente suele recogerse temprano) Eduardo, que volvía del almacén, vio que Cristián uncía los bueyes. Cristián le dijo:
-Vení, tenemos que dejar unos cueros en lo del Pardo; ya los cargué; aprovechemos la fresca.
El comercio del Pardo quedaba, creo, más al Sur; tomaron por el Camino de las Tropas; después, por un desvío. El campo iba agrandándose con la noche.
Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:
-A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con su pilchas, ya no hará más perjuicios.
Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro círculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.

FIN

jueves, 7 de noviembre de 2013

TEXTO CIENTÍFICO GRADO 11, MELINA

1.    ¿De dónde surgió tanta vida?
2.     
Cámbrico: la explosión que cambió el mundo. Imagina un océano sin más sonido que las olas. Un continente entero de roca pelada, de charcos con precipitaciones químicas, de sol inclemente, lluvia y rayos, de volcanes y avalanchas, de ríos completamente cristalinos, de erosión y deposición sin límite. Imagina una atmósfera asfixiante compuesta de inerte nitrógeno y gases reductores: un planeta dominado por las puras fuerzas de la geología y la química. Estás imaginando la Tierra hace 4.000 millones de años, poco después de su formación; si es que podemos llamar “poco” a un período de tiempo 10 veces mayor que el que nos separa de los últimos dinosaurios. Fue entonces cuando la vida surgió. En rocas de hace 3.800 millones de años aparecen restos, pistas de que ya por entonces había seres vivos: algas, bacterias, seres unicelulares y anaerobios que empezaron a colonizar y a cambiar los mares y las tierras. Durante más de 1.000 millones de años, aquellos diminutos seres se reprodujeron y evolucionaron; hace 2.700 millones de años ya eran capaces de formar tapices bacterianos como los que conocemos hoy y que crearon fósiles característicos llamados estromatolitos. Hace 2.400 millones de años, la contaminación que provocaron causó la mayor extinción de la Historia de la Vida y cambió el planeta para siempre. Porque aquellos seres vivos eran capaces de realizar la fotosíntesis, y su tóxico producto de desecho (el oxígeno) envenenó para siempre la atmósfera. Murieron muchos, incapaces de enfrentarse a un elemento tan reactivo. Pero otros se adaptaron y la vida siguió. El ser vivo más complejo del planeta fue durante miles de millones de años un tapiz de bacterias unicelulares unidas por una matriz mucosa compartida. A lo largo del 87% de la edad de la Tierra, aquí solo hubo roca, agua y, en los bordes, algo de moco.
Pero hace 540 millones de años, algo ocurrió; y no sabemos qué. Si en las rocas más antiguas la vida apenas dejó marcas, después de esa frontera apareció de repente una increíble variedad de animales y plantas, una cornucopia de vida en la que podemos reconocer los ancestros de los seres vivos que hoy habitan la Tierra, y también formas extrañas, parientes descarriados, experimentos biológicos que no sobrevivieron al implacable filtro de la selección natural. Hace 540 millones de años se produjo una explosión de diversidad biológica que llamamos la Explosión Cámbrica. Sabemos que somos hijos y nietos de los organismos que aparecieron entonces.
Pero no sabemos por qué o cómo ocurrió. De encontrar en las rocas antiguas meras evidencias microscópicas o geoquímicas, pasamos a encontrar en el Cámbrico de todo. Desde los tubos mineralizados, espinas y espículas (¿quizá de esponjas), placas de blindaje, conchas de braquiópodos y moluscos de la Fauna Tomotiana a los primeros trilobites, que aparecieron hace 530 millones de años, y los primeros equinodermos. La fauna de Burgess Shale, datada en unos 505 millones de años, incluye formas desconocidas de crustáceos y otros artrópodos, así como extrañas criaturas que ha sido complicado interpretar o relacionar con los grupos actuales, como la archifamosa Hallucigenia, los Anomalocaris y el raro ancestro de los artrópodos, Opabinia. En apenas unas decenas de millones de años se produjo la súbita aparición de casi todos los grandes grupos actuales, además de formas desconocidas hoy como propina.


¿Qué ocurrió?
A finales de la era Proterozoica sucedió algo; algo que cambió la dinámica de los seres vivos y del planeta para siempre. Donde antes solo había seres unicelulares aparecieron los pluricelulares (metazoos); donde se federaban cianobacterias y quimiolitótrofos apareció la especialización celular, los tejidos, y con ellos la posibilidad de crecer, de moverse, de alimentarse más y mejor. Sabemos que esa aparición no fue tan súbita como en principio parecía; faunas excepcionalmente preservadas, como las de Ediacara (630-540 millones de años) nos han mostrado que antes del Precámbrico, y su invención de las conchas y caparazones, ya había metazoos. Sabemos que la Explosión Cámbrica está asociada a cambios planetarios, pues pueden detectarse anomalías isotópicas de varios metales en esa época que sugieren cambios climáticos globales, quizá un periodo de glaciación completa (la Tierra Bola de Nieve), o un cambio en la distribución continental. Lo que no sabemos es por qué ocurrió todo esto.
La glaciación global podría haber provocado extinciones masivas, creando los llamados “cuellos de botella” genéticos, un mecanismo que sabemos que acelera la evolución. La concentración de oxígeno atmosférico, iniciada mucho antes, podría haber alcanzado un punto crítico a finales del Proterozoico, haciendo posible la existencia de organismos pluricelulares.
Los mecanismos genéticos básicos que controlan el crecimiento de los seres vivos, que son sorprendentemente similares en todos los grupos actuales, podrían haber conseguido un grado suficiente de complejidad como para permitir el desarrollo de formas de vida mucho más complejas. La invención de la caza, en un mundo hasta entonces dominado por organismos autosuficientes, quizá puso en marcha una desesperada carrera evolutiva predador-presa, en la que la nueva presión selectiva habría acelerado las modificaciones corporales para asegurar la supervivencia.

Hay muchas explicaciones para la súbita aparición de todos esos grupos animales en nuestro pasado. Pero no sabemos cuál es la más importante, si es que la Explosión Cámbrica no fue una confluencia de todas ellas. Hace demasiado tiempo, y tenemos demasiados pocos fósiles; tal vez nunca lleguemos a saber cuál fue el origen último de este cambio, quizá el más importante de la Historia de la Vida en la Tierra.

miércoles, 23 de octubre de 2013

EL MONÓLOGO DE HAMLET GRADO 9

ACTIVIDAD
1. ¿De qué podría tratar un texto titulado así?
2. Lee  los dos primeros párrafos y contesta:
a. ¿Qué nos dice el personaje hasta el momento?
b. ¿Qué impresión  o sensación les producen las expresiones?
c. ¿Qué cree que sucederá a continuación?
3. Continúe leyendo y conteste:
a. Busque un sinónimo para cada una de las palabras subrayadas
b. ¿Qué  expresó luego el personaje?
c. ¿Qué idea nos quiere transmitir el autor? (intención)
d. Escriba su  opinión acerca de la idea que transmite el autor.

MONÓLOGO DE  HAMLET

¡Ser o no ser, he aquí el problema! ¿Qué es más elevado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?

¡Morir! Dormir… no más ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir… dormir! ¡Dormir… tal vez soñar!

¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio!

Porque… ¿Quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno; cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete? ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa región cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos?

Así la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes; y así los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento, y las empresas de mayores alientos e importancia, por esa consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre de acción…

Pero ¡silencio!… ¡La hermosa Ofelia! Ninfa, en tus plegarias acuérdate de mis pecados.


(Hamlet, William Shakespeare)

MAPA CONCEPTUAL, ACTIVIDAD GRADO 10


TAREA
1. Lea el texto titulado " Control y manejo de la basura"; subraya con un color los conceptos principales y con otro los secundarios, definiciones y ejemplos. (Los conceptos  permiten formar ideas mentales, generalmente remiten a objetos concretos o ideas abstractas) 
2. Subraye con otro color las palabras que puede utilizar como enlaces o conectores (aquellas que no te transmiten una idea mental)
3.  Elabore en una hoja de cuadernillo doble (cuadriculada) un mapa conceptual  siguiendo el modelo propuesto en clase; tenga en cuenta la jerarquía y la relación que establece entre los conceptos.


CONTROL Y MANEJO DE LA BASURA

Casi todos los hogares del mundo tienen un bote para almacenar la basura que en ellos se produce. Imaginemos la cantidad de basura que producimos, si tomamos en cuenta cada casa, escuela, vecindario y comunidad en el país.
El problema de la basura es un problema mundial. Implica la producción de miles de toneladas diarias que necesariamente ocuparán un espacio físico. El dilema es que la cantidad de basura crece y el espacio no. Una verdad evidente es que esas crecientes cantidades de basura dañan nuestro ambiente.
El aire es afectado por los gases producidos en la descomposición de los desechos; los suelos, por la filtración de sustancias tóxicas contenidas en la basura; el agua, cuando las sustancias filtradas alcanzan los mantos o cuando los desechos tóxicos son vertidos directamente en ríos y drenajes.
Clasificación de la basura
Según la procedencia u origen de la basura, ésta se puede clasificar en orgánica e inorgánica, y dentro de esta última se puede distinguir la llamada basura sanitaria, conformada por todo el material utilizado para tratamientos médicos en el hogar, escuelas, hospitales etcétera.
Por ejemplo: gasas, vendas, algodón, papel higiénico, toallas sanitarias, toallas de papel y dispositivos desechables. Este tipo de desechos contiene microorganismos capaces de causar diferentes enfermedades. Esta basura debe ser depositada en bolsas cerradas y con una leyenda que especifique que contiene desechos sanitarios.

¿De dónde provienen las basuras?
¿Tú sabes de dónde salen las cáscaras, los restos de comidas, el estiércol, la hojarasca y los huesos?
Toda esta basura proviene de los seres vivos, de plantas o de animales; es decir, de los organismos. Por eso se llama basura orgánica.
¿Y de dónde salen las latas, las botellas de vidrio, la loza, los neumáticos y las cubetas de plástico?
Esta basura proviene de cosas que fabrican los hombres. Es basura que no sale de ningún ser vivo, de ningún organismo. Por eso se llama basura inorgánica.
¡Ah!, también el humo y los detergentes, o jabones en polvo, son basuras inorgánicas, son basuras que no salen de ningún ser vivo.
¿A dónde crees que va a parar el humo?
Y ¿a dónde se quedará el jabón en polvo después de que se haya usado para lavar?
Los humos ensucian, contaminan el aire que todos respiramos. Y los jabones en polvo, o detergentes, contaminan el agua que todos necesitamos.


¿En qué se puede aprovechar la basura orgánica?
¿No se te ocurre pensar que la basura se puede aprovechar para muchas cosas? Pero, ¿cuál de todas las basuras puede aprovecharse? Para saberlo, realiza un experimento:
Escoge una basura que haya salido de algún ser vivo, por ejemplo, una cáscara de plátano. Y también una basura que no provenga de ningún organismo, por ejemplo, una bolsa de plástico.

Después, las puedes dejar durante toda una semana en un lugar donde no se vayan a perder.
Observa lo que le sucedió a la basura orgánica, la cáscara de plátano: ¿cambió su aspecto? ¿Por qué? ¿Se pudrió?
Y también lo que le sucedió a la basura inorgánica, la bolsa de plástico: ¿cambió en algo su aspecto? ¿Por qué? ¿No se pudrió?
Como te habrás dado cuenta, la basura orgánica, como la cáscara de plátano, se pudre. Pero a la basura inorgánica, como la bolsa de plástico, no le sucede nada, dura mucho tiempo donde se la tira.
Que ¿para qué es importante saber que algunas basuras se pudren y otras no? Bueno, para poder aprovecharlas mejor.
Las basuras que se pudren y se deshacen se mezclan con la tierra y la alimentan, la enriquecen y la mejoran para el cultivo.
¿Qué basuras se juntan en el lugar donde vives? 
Por ejemplo, si vives en una comunidad costera, junto al mar, seguramente se junta la basura que queda de todo lo que se pesca. Esta basura sirve para hacer abono, el cual sirve a la tierra para mejorar los cultivos. Y también esta basura es útil para hacer collares, llaveros y adornos.
Pero si vives cerca del desierto, o en la sierra, seguramente que la basura que se junta es diferente a la basura que hay en las comunidades costeras.
¿Qué basuras encuentras en estos tiraderos?
¿Y en el lugar donde vives, qué tipo de basura hay? ¿De dónde sale toda la basura que se tira? ¿Cómo la han aprovechado?
Con la basura orgánica, como las sobras de comida, la hojarasca de las plantas y el estiércol, se puede hacer abono natural.
Tú sabes que la tierra necesita abonarse para que los cultivos crezcan mejor. ¿Por qué? Bueno, porque las plantas aprovechan lo que hay en la tierra y la tierra se cansa, se agota. Por eso es bueno cuidarla, echándole abono.
Para hacer abono natural se necesita basura orgánica, basura que sale de los seres vivos y además, que se pudra rápidamente.
¿Qué basura orgánica que se pudra hay en tu comunidad? Investígalo. Después, si tú quieres, puedes hacer abono natural con ella.
Los campesinos bien que saben hacer abono natural.
Seguramente te has dado cuenta de que donde hay vacas, cerdos, mulas y gallinas hay excrementos. Los campesinos ponen en los corrales paja y excrementos. Ahí, estas dos basuras se mezclan al pisotearlas los mismos animales. Pero los excrementos no pueden descomponerse completamente, si les falta aire. Por eso, habrás visto que la paja pisoteada y mezclada con el excremento o estiércol es amontonada afuera del corral. Así, al orearse, se forma abono natural.
¿Qué se puede hacer con la basura inorgánica?
¿Qué crees que se podrá hacer con la basura inorgánica, la basura que no proviene de ningún organismo, de ningún ser vivo?
Tú ya sabes que la basura inorgánica no se pudre y dura mucho tiempo donde se le tira. Pero, ¿tú crees que esta basura no sirve para nada?
Con los desechos de vidrio, de lata o de loza se pueden hacer vasos, juguetes, macetas y quién sabe cuántas cosas más.
Seguramente has visto llantas tiradas en algunos lugares de tu comunidad. ¿Te has puesto a pensar en cuántas sandalias se podrían hacer aprovechando una llanta de camión para las suelas?
En algunos lugares, con los neumáticos viejos hacen juegos, como columpios y balancines...
  
 ¿Qué sucede cuando la basura no se usa para nada?
Ya viste que la basura se puede aprovechar para muchas cosas. Pero, ¿qué hacer con la basura que no sirvió para nada? ¿Tú crees que sea suficiente con tirar por ahí la basura que se junta en las casas? ¿No crees que lo mejor sería enterrar la basura?
¿Te has fijado qué animales e insectos viven en la basura? En tiempo de sequía, muchas moscas sobrevuelan los basureros. Y como en estos lugares también viven microbios, que son tan pequeñitos que no se ven a simple vista, las moscas transportan en sus patitas estos microbios. Y al andar por todas partes, las moscas se meten en las casas y después se paran sobre cualquier cosa, como los alimentos. Después entran los microbios en nuestro cuerpo y nos enfermamos del estómago, de los intestinos, de muchas cosas.
Que ¿por qué habrán tantas moscas en los tiraderos? Bueno, porque toda la basura orgánica es el alimento para estos insectos y muchos otros animales pequeñitos que no se ven a simple vista, como los microbios.
 También es fácil ver ratas en los basureros, ya que allí encuentran su comida. Las ratas transmiten una enfermedad llamada rabia. Por eso es importante eliminar los lugares de la comunidad donde las ratas pueden desarrollarse.
Como ves, la basura tirada al aire libre es fuente de enfermedades.
¿Y cuál es la solución?
Pues... enterrar la basura.
Pero deberá tenerse cuidado de no quemar la basura, sobre todo los desechos de plástico, ya que al hacerlo se producen humos. Tú ya sabes que los humos contaminan el aire y además, pueden enfermarnos.  
¿Qué se hace con la basura en la ciudad?
¿Has visitado alguna vez una ciudad? ¿No? En las ciudades vive mucha gente, que produce mucha más basura que las personas que viven en el campo. Además, las fábricas producen otras basuras como humos, polvos y líquidos, que ensucian el aire, la tierra y el agua.
Por eso, en las ciudades se amontona muchísima basura. Pero antes de deshacerse de ella, los cartoneros, que son gente que trabaja en los tiraderos, escogen los desechos de papel, de vidrio y de metal para venderlos. Después, con eso se vuelve a hacer papel y objetos nuevos de vidrio y metal en otras fábricas.
Aunque ya sabes que no todo lo que se tira puede aprovecharse.
El papel viejo, usado, y el cartón sirven mucho porque con ellos se puede hacer papel nuevo.

Por eso, es bueno recordar que desperdiciar papel es como desperdiciar árboles.

jueves, 17 de octubre de 2013

ARCAISMOS EN COLOMBIA GRADO 9

Con el correr de los años las palabras pierden su vigencia; dicho de otra manera, son poco utilizadas en el habla cotidiana y terminan desapareciendo. Quiero dar a ustedes una lista más o menos extensa de vocablos que ya no se usan o su empleo está limitado a algunos sectores geográficos. Es posible que varias las hayan escuchado de sus padres o abuelos y otras aun subsistan en el área geográfica donde habitan.

Como siempre, quiero recalcar que  este léxico está referido al contexto colombiano. Unas palabras se encuentran en el diccionario pero otras jamás fueron aceptadas por la ACADEMIA DE LA LENGUA, a pesar de que su uso estaba extendido… en varios vocablos el significado del diccionario no está ceñido a lo que realmente querían decir los hablantes, de manera que yo doy la definición consagrada por el uso.

Veamos el vocabulario:

Achajuanado: se refiere a un estado de malestar físico o mental en el que la persona no responde a los estímulos. Es cansancio total.
Aguamanil: lavamanos.
Ajonjoliar: molestar, fastidiar, mover, mecer.
Antón: es  una forma corta de decir “entonces qué.
Arrecho: tiene varias significaciones. En Santander es estar dispuesto a la acción, de mal genio, con deseos de actuar. En otras partes significa estar excitado. Poco se usa porque suena de mal gusto.
Arrejuntar: Unir, casar. Pero el uso se refiere a una pareja que convive sin estar unida en matrimonio: “Esos dos están arrejuntados”.
Asina, ansina: forma arcaica de así: ansina como dice el doctor.
Atisbar: observar, mirar detenidamente, mirar con disimulo.
Bizcorneto:  bizco, estrábico.
Buche: estómago, es una connotación muy campesina: me duele el buche.
Buitrón: en las casas de antaño, donde había estufa de carbón y leña, era el tubo de la chimenea para la salida del humo.
Burrión: juguete arcaico que se fabricaba con dos tapas de cerveza o gaseosa aplanadas. Se les practicaban dos orificios y con una cuerda se hacían  girar produciendo un ruido característico. También se le conocía como zumbador.
Cachaco: en Colombia era una persona elegante, bien vestida. En la actualidad se les dice a los habitantes del interior del país.
Cachicamo: así se le dice al armadillo en los Llanos Orientales de Colombia.
Cachifo: en forma peyorativa se les decía a los muchachos. También para referirse de manera despreciativa de alguien.
Cachuro, cachureto: trompo de madera en mal estado que se ponía como víctima para el castigo al final del juego. Se denominaba calle a la ronda completa en el juego del trompo.
Calanchín: persona que se presta como falso testimonio para engañar o estafar a otros.
Cambuche: sitio de vivienda de pordioseros y personas miserables.
Carramplón: por fortuna ya no se usan, es una especie de tachuela que se colocaba en la suela de los zapatos para aumentar su duración. De extenso uso en la poca en que el mayor cedía su ropa a los menores. En el templo era un distractor por el ruido que causaba, imaginen la entrada de los colegios.
Carranchil: comezón o rasquiña producida por una alergia derivada de un brote en la piel, en especial en la región abdominal y las extremidades. En algunas regiones se le denominaba siete luchas.
Chamba: Zanja o vallado que sirve para limitar los predios. En México es trabajo, el equivalente en Colombia a camello. Buscar chamba o buscar camello.
Chanfaina: es un guiso, plato típico con los riñones del chivo. Pero se usaba para indicar trabajo, empleo: buscar chanfaina.
Changua: Caldo preparado con cebolla, cilantro, leche y sal, que se toma antes del desayuno o con él. Es una costumbre exclusiva del altiplano Cundiboyacense.
Chécheres: trebejos, trastos, cosas inútiles que se acumulaban en un cuarto destinado para tal fin y era denominado cuarto de los chécheres o de San Alejo
Chiflis: sinónimo de chiflado, alguien que ha perdido en parte o totalmente la razón.
China: acá no se refiere a las definiciones del diccionario. Esta china era una especie de abanico  elaborado con diferentes materiales que se utilizaba para dar aire a las estufas de carbón y de leña. Era un atizador del fuego.
Chingue: en Colombia vestido de baño.
Chipa: era la amarradura de un haz de leña, por extensión así se denominaba el atadijo de palos: una chipa de leña.
Chirlobirlo: pajarito. Persona o cosa poco importante.
Chirrimplín: bebé, persona o cosa de pequeño tamaño o que despertaba ternura.
Chirrinche: aguardiente destilado en casa. También llamado licor de contrabando. Se denomina en algunas regiones chirrincho, tapetusa, rastrojero, etc.
Chisguete: salpicadura, chorro pequeño que sale sorpresivamente de algo, como al pisar una baldosa.
Chocatos: sandalias, alpargatas, también se dice chocatas
Choncho: gordo, marrano, obeso.
Chorote: vasija de barro en forma de jarra, especial para batir el chocolate.
Chucula: chocolate de fabricación casera que se hace con cacao y harina.
Chunco: cojo, pero por extensión también se le aplicaba a los mancos.
Chuspa: bolsa, de cualquier material.
Cochorní: cosa, implemento, actualmente se puso de nuevo en uso.
Cojineto: cojo
Correveidile: chismoso, hablador, enredista.
Corrosca: sombrero, en especial los de paja.
Cosiánfira: podía referirse a cualquier cosa cuando el hablante no encontraba el término adecuado.
Cuchufli: equivalente a cochorní.
Culipronta: chica fácil, coqueta.
Dedo parao: de clase alta, presumida, vanidosa.
Deque: equivalente de deme acá, traiga, después que, luego que.
Desbarajustar: desordenar por completo, armar el desorden.
Descuajar: se usaba cuando los bebés por alguna razón tenían agruras o diarrea: El niño se descuajó. Los médicos jamás aceptaron esto porque al bebe se le sobaba, se le fajaba y santo remedio.
Desguarambilado:  mal presentado, descuidado en su vestimenta, degenerado.
Deshollinador: oficio extinguido en casi todo el mundo. En Colombia era el encargado de limpiar los buitrones o tubos de las estufas.
Despavorido: que salió huyendo lleno de miedo. O muy veloz.
Emparamado:  aterido de frío, mojado, friolento.
Emperifollar: acicalar, arreglar, maquillar.
Emputar: enojar, poner de mal genio.
Encholocar o enchocolar: atinar, hacer que un objeto se introduzca en una cavidad. Como en el juego de la coca que en otros países llaman valero.
Endespués: después de, luego de. Muy empleado por los campesinos.
Entenado: se refiere al hijo adoptado. Se le decía despectivamente el recogido.
Envainarse: meterse en problemas
Escular: quitar el culo literalmente; pero es más usado para indicar fracaso o destrucción: el carro se esculó,  el negocio se esculó.
Estricnina: veneno muy utilizado por los suicidas de antaño. También para eliminar rivales amorosos.
Filipichín: elegante, bien vestido, peripuesto (Otra en desuso)
Fuelle: aunque aún hay fuelles de varias clases, este se refiere al que se usaba para atizar las estufas de leña y carbón, lo mismo que la china. Al desaparecer las estufas por derecha todos los utensilios relacionados.
Garabato: en las cocinas de las casas antiguas era un palo colgado del techo con la punta inferior en forma de anzuelo donde se ubicaban algunos recipientes con carne y quesos para ponerlos lejos del alcance de los gatos y los niños.
Guaimarón: así se le decía a un sujeto grande y flojo. También a los cobardes corpulentos: eso es mucho guaimarón tan pendejo…
Guapucha: pequeño pez de la sabana de los ríos de la Sabana de Bogotá. Creo que está extinguido… y, por supuesto, la palabra.
Jeróstico: feo, de mala presencia, mal encarado.
Jincho: borracho, alicorado, y borrachera era jinchera (en Colombia).
Jodencia; molestía, travesura, picardía.
Joto: paquete, bulto…
Juste: por fuste, es eludir algo, sacar el juste. Hoy el equivalente es sacar el culo.
Largarse: irse, huir, evadir una responsabilidad.
Letrina: en las casas de antes para arrojar los desperdicios de las cocinas y hacer las necesidades del cuerpo.
Machorra: dícese de la.vaca que ya no produce leche ni puede parir. Una connotación asi se le daba a las solteronas o a las casadas sin hijos.
Manipuerco: zurdo.
Matrero: traicionero.
Mechas: pelo, triángulos de papel relleno de pólvora para reventar en el juego de tejo.
Metomentodo: chismoso, metiche,
Mincha: un poquito, pequeña porción.
Misiá: señora, se dice de mujeres matronas. En el campo se usa de manera respetuosa.
Morrocoy: tortuga, pero también persona vieja y arrugada.
Moscorrofio: persona despreciable, se aplica a los feos pero igual es una expresión despectiva.
Múcura: vasija de barro para acarrear agua. También se usa para fermentar chicha y guarapo.
Ocalito, ocal: eucalipto.
On tabas: dónde estabas.
Pelanga: comida que se prepara con carnes de segunda. Es común en este momento para los camioneros y en restaurantes de paso a orillas de la carretera.
Pendiolo.  bobo, menso, pendejo.
Pepiciego o pipiciego: cegatón.
Perendengue: adorno, bobada, baratija.
Pinchado: elegante, bien vestido. Ahora indica llanta que se ha roto en alguna parte y deja salir el aire.
Pirinola: peonza, juguete en desuso
Pucho: porción pequeña…
Quesque: dizque
Quimbas: alpargatas,
Repare: mire, observe
Resolana: momento del día que se aprovechaba para tender a secar la ropa lavada.
Retrechero:  aún se usa. Que con artificios disimulados y mañosos trata de eludir la confesión de la verdad o el cumplimiento de lo debido.
Sintantica: desvergonzado,  sinvergüenza.
Sinapismo: tenía y tiene dos connotaciones específicas. Emplasto o cataplasma que se aplica sobre una herida o hematoma. La segunda era un apelativo para los fastidiosos; decir que fulano era un sinapismo equivale a lo que ahora se llama un intenso.
Taita. Papá, abuelo.
Tanainas: qué tal si… “Tanainas le pasara a usted…”
Tatuco: recipiente
Tegua: médico brujo; curandero que se las daba de sanalotodo. Médico sin título que ejercía la profesión. Hoy abundan con el título de maestros, profesores de magia blanca o negra y reparten volantes en todas las ciudades.
Tienta gallina: cobarde, miedoso, apocado.
Topar: es de uso, pero antes denotaba otra cosa: nos topamos en tal sitio.
Trujeron:  trajeron.
Ventolera: tener o sentir ansias de ansias, deseos de… “Le dio lka ventolera por casarse.
Ventosa: en medicina casera era una pequeña vela que se encencia y se tapaba con un vaso, al quemarse el aire la carne subía. Se decía que era muy buen medicamento o medicina para sacar un mal aire.
Ventosidad; pedo
Zaguán: en las casas antiguas un corredor desde la entrada hasta el primer patio
Zarandear: sacudir
Zarzo: en las casas antiguas, sobre el cielo raso, un espacio enorme donde se metían los chécheres
Zascandil: a los niños los asustaban con la bruja zascandil. Nunca me dijeron como era la dichosa bruja pero en mi niñez perdí muchas horas de sueño por la tal.
Zute: pequeño, también  se aplicaba al hermano menor.

Sé que son muchas más. Les dejo la tarea de agregarlas en su mente o disco duro como llaman ahora. En antaño se decía la pepa, la mollera, el cerebro, etc.

domingo, 6 de octubre de 2013