ESPECIALIZACIÓN INFORMÁTICA EDUCATIVA

jueves, 14 de noviembre de 2013

COHERENCIA Y COHESIÓN, GRADO 11


COHERENCIA Y COHESIÓN


La COHERENCIA de un texto se logra a través de la correcta organización de la información sobre un determinado tema.

La COHESIÓN es la relación de dependencia entre dos elementos de un texto que pertenecen a distintas oraciones.


PARA RECORDAR

La referencia: Este mecanismo de cohesión establece una relación entre un elemento del texto y otro u otros que están presentes en el mismo texto o en el contexto situacional. La identificación de los referentes es un aspecto muy importante en la comprensión de los textos, ya que incide en forma directa en el procesamiento de la información.


ACTIVIDAD


 Leo el siguiente texto:


Hay tres tipos de trabajo intelectual humano cuya comprensión abre el camino a  cualquier estudio de metodología. Ellos son: descripción, explicación y predicción de las conductas y fenómenos .A la descripción no puede llamársele investigación porque su labor no constituye el verdadero sentido del trabajo científico. Ella es un punto de partida para verdaderas investigaciones. Unos investigadores finalizan aquí su labor;  otros la toman como etapa inicial de sus trabajos y no es menos útil que aquellos que explican o predicen fenómenos, pues ella también aporta datos para la búsqueda de conocimientos nuevos


1. Extraigo del anterior texto las palabras en negrilla y determino qué clase de palabra es:

Pronombres: ______________________________________________________

Artículos: _________________________________________________________



2. Relaciono el texto de la columna 1 con los elementos cohesivos de la columna 2

COLUMNA 1
COLUMNA 2
Algunos años después, la existencia  de la soñolienta Aracataca se vio sacudida por “la fiebre del banano”;
______ llegó______ desde la cuenca del río Magdalena, lugar en que desde el comienzo del siglo gobernaba la
United Fruit Company. Millares de buscadores de fortuna colmaron la ciudad. Relegados al segundo plano, los habitantes oriundos______ mantenían apartados de los
forasteros, marcándo______ con el despreciativo apodo de “hojarasca”. Por eso, cuando uno de los forasteros,
____ telegrafista Gabriel García, se enamoró de la hija del coronel Márquez, y _____ ___correspondió, los padres hicieron todo____ posible por evitar _______matrimonio.
Su
Ésta
Lo
Aquí
Los
Se
El
Le
-ba
ella



3. Identifico la palabra a la que se refiere el elemento subrayado:

􀁸 Mi amiga tenía una colección de estampillas que era muy valiosa.

Amiga -colección – estampillas.

Los investigadores realizan experimentos; algunos no temen arriesgar sus vida para obtener los logros deseados.

Investigadores - experimentos – logros.

Este lugar es muy agradable; aquí estoy bien.

Agradable - este - estoy –lugar



PARA RECORDAR

Sustitución: La sustitución de un elemento léxico por otro (o por una expresión), es un mecanismo que nos indica que se ha establecido dentro del texto una relación semántica entre el término sustituido y el sustituto. Se busca así evitar la repetición de un mismo elemento.


Existe dos formas de sustituir términos en un texto: Sustitución sinonímica y

sustitución por medio de proformas. Observo el ejemplo de sustitución sinonímica:


La cohesión es la propiedad del texto escrito que sirve para conectar las distintas oraciones entre sí. Un buen escritor debe unir todos los elementos de la composición para que el receptor pueda interpretar el significado global que el autor quiere expresar. Sin formas de cohesión, el sujeto interpretante debería interrelacionar las oraciones por sí sólo, con un elevado margen de error en la obtención del significado.


Escribo las palabras que se sustituyen y las palabras utilizadas para esta

sustitución:

_________________________________________________________________

__________________________________________________________________



4. Reemplazo el término resaltado por uno que está dentro del paréntesis:

 He leído un fragmento de “La Vorágine”; esa ____________ (división, parte, fracción) se destaca por la belleza de sus descripciones.

El trabajo de la composición requiere mucha paciencia, la_________________

(conformidad, tolerancia, perseverancia) nos llevará a expresar muy bien nuestras ideas.

Es raro que Juan no haya venido; su retraso me parece_______________

(singular, original, extraño)

El trabaja muy fuerte porque debe sostener una familia muy numerosa; para___________ (amparar, mantener, proteger) tanta gente se necesitan muy

buenos ingresos.


Para recordar:

Es el remplazo de una palabra o de una oración por un elemento lingüístico cuya función es la de servir de sustituto a un elemento léxico en el mismo texto. En español existen algunas proformas tales como: persona, objeto, el verbo hacer o los pronombres neutros eso, esto, aquello, ello, etc.


Observo el ejemplo de sustitución por medio de proformas:

E l director técnico de nuestro equipo es una persona muy reflexiva; él piensa que el computador es muy útil y que este objeto es indispensable en la vida moderna; pero también, cree que la máquina está al servicio del hombre y no al contrario, nosotros hacemos lo mismo. Por tal razón, al construir nuestros textos tenemos en cuenta la planeación de su estructura semántica y su expresión adecuada, haciendo correcto uso de la concordancia, la cohesión, los signos de puntuación y el orden sintáctico. Todo esto no lo puede decidir el computador, lo decide la mente humana.


5. Escribo la proforma necesaria para sustituir el elemento que está resaltada:

􀁸 Mi madre es una ____________ que brinda mucha ternura.

􀁸 La rueda ha sido el ___________ más importante de los que ha creado el

hombre.

􀁸 Mi hermano práctica ciclismo todos los domingos y yo _________ lo mismo.

􀁸 La violencia nunca dejará de atormentar a los novelistas colombianos;

_____ ha producido mucha “literatura de violencia”.


La elipsis: Esta forma de cohesión consiste en suprimir la información que está sobreentendida, y que, por lo tanto, el lector puede inferir sin ningún inconveniente.

Observo el ejemplo de cohesión por elipsis.

􀁸 (Nosotros) trabajamos con mucho esmero.

􀁸 Unos pensaban en el descanso; otros, en el éxito.

6. Cuál es la información que se suprime en los anteriores ejemplos: _______________________________________________________________________________

7. Escribo tres expresiones utilizando la elipsis.


Para recordar:


Repetición: Es la recurrencia en el texto de un elemento léxico aparecido anteriormente con el objetivo de dar énfasis. Los mecanismos de repetición tienen como función primordial garantizar los niveles de redundancia exigidos a la hora de facilitar una correcta interpretación textual.


Observo el ejemplo de cohesión por repetición.

El papel de la comunicación es múltiple y de gran importancia. Debe contribuir al intercambio de ideas y experiencias entre instituciones. Debe cooperar al mayor éxito de reuniones técnicas. Debe capacitar líderes. Debe colaborar para la actualización de los profesionales.


8. Reescribo el anterior texto omitiendo los términos que no sean necesarios.

9. Suprimo los elementos que no sean necesarios en el siguiente texto:


Ellos estaban preocupados con las declaraciones que había dado el Presidente; algunos comentaban acerca del aumento de la inflación y otros sobre la deuda externa. Nosotros observábamos cuidadosamente y nos preguntábamos: ¿El país podrá salir de la crisis? Sí, puede salir de la crisis y todo será mucho mejor.


Para recordar:

Conjunción: Otra de las formas de cohesión más frecuente para expresar la relación lógica que existe entre las oraciones de un texto, es la conjunción. Esta se realiza por medio de elementos lingüísticos que sirven para enlazar palabras, oraciones o párrafos.


Observo el siguiente texto


Hacer una tesis significa divertirse y, además, realizar un aporte a la ciencia. A continuación, haremos algunas reflexiones sobre esta importante actividad; pero no podemos conformarnos con planteamientos teóricos: es necesario investigar y plasmar por escrito los resultados obtenidos. Por eso, aprendemos a hacer una tesis investigando, es decir, realizando un proceso mediante el cual damos respuesta a unas hipótesis planteadas. Seguidamente, nos detendremos en las etapas necesarias para elaborar una tesis; de igual modo, nos ocuparemos de la composición escrita porque una tesis es un texto escrito de carácter científico con el cual se hace un aporte a la ciencia.


10. Extraigo del anterior texto 7 palabras que identifico como conector.

______________ ________________ _______________

______________ ________________ _______________

LA PUBLICIDAD GRADO 10

LA PUBLICIDAD

La publicidad es una técnica de comunicación comercial que intenta fomentar el
consumo de un producto o servicio a través de los medios de comunicación.

Todo anuncio publicitario consta de dos partes: Imagen y texto, también denominado eslogan. La imagen se complementa con el slogan y viceversa, porque ambos recursos refuerzan el mensaje que el publicista desea trasmitir.

El slogan suele ser una frase corta, sencilla y muy impactante. La forma, el color, los personajes, paisajes etc.

La publicidad es un reflejo de nuestra sociedad consumista, materialista y hedonista. Crea
necesidades para luego vender productos que supongan la solución al problema. El alma de todo anuncio es una promesa de felicidad, éxito, belleza, juventud, libertad, poder,
seguridad... Así generalmente transmiten valores como: Felicidad, Competitividad, éxito, juventud, Erotismo, Modernidad, Higiene, Consumismo.


Existen dos formas de analizar un mensaje publicitario:

El ANÁLISIS OBJETIVO proporcionará una descripción detallada del audiovisual.
Actuará sobre aspectos denotativos. Se tratará de responder a la pregunta: ¿Qué
vemos?
El ANÁLISIS SUBJETIVO del audiovisual presentará nuestra interpretación del
material y dependerá de factores ajenos a la propia imagen (condición social, edad,
conflictos internos que tenga el individuo). Actuará sobre aspectos connotativos. Se
pueden usar campos semánticos. Tratará de responder a la pregunta: ¿Qué nos
sugiere la imagen?

 



Lo fashion cobra más víctimas de lo que tu crees.
·         Relaciono la imagen con el enunciado y comparte  tu opinión al respecto.







TIPO DE ANUNCIO
PORDUCTO:



MARCA:
DESCRIPCIÓN
TEXTO:




IMAGEN:




MÉTODO DE VENTA
TEMA:




IMPRESIÓN CREADA:





VALORACIÓN CRÍTICA









¿QUÉ NO SE VE EN EL ANUNCIO


















2. Reescribo el siguiente enunciado cambiando cada palabra destacada por un
sinónimo.
Proteger la naturaleza es proteger la vida._________________________________
__________________________________________________________________
3. Escribo dos sinónimos de la palabra Salvaje:
____________________________
____________________________
4. El signo de admiración en la palabra ¡salvaje¡ Expresa:
a. Admiración.
b. Miedo.
c. Duda
d. Terror

5. Con la pregunta, ¡Salvaje! ¿Quién? se espera que el receptor del mensaje
reflexione acerca de:
a. El peligro que representan los animales salvajes.
b. La manera como el hombre ha modificado de forma negativa el hábitat natural.
c. El desequilibrio que se ha producido entre la naturaleza y las industrias.
d. El avance en la industrialización de la sociedad.

6. La empresa DELIMA busca con este aviso publicitario:
____Informar al público sobre la calidad de sus productos.
____Concientizar al público sobre la importancia de proteger la naturaleza y la vida.
____Posicionarse en el mercado como una empresa consciente de la necesidad de
cuidar el medio ambiente.
____ Vender un seguro que proteja la naturaleza.
____Vender seguros de vida.

Justifica tu respuesta_______________________________________________
__________________________________________________________________

7. ¿A qué tipo de público creo que se dirige el aviso?
a. A los defensores de animales.
b. A los dueños de las fábricas.
c. Al público en general.
d. A los ecologistas.

8. Recuerda que un aviso publicitario impreso está formado por la siguiente
serie de elementos: Ilustración, Título, Logotipo, Eslogan.
A partir de la imagen anterior, especifica de ella cada elemento.
Ilustración______________________
Título __________________________
Logotipo _______________________
Eslogan________________________
9. Leo el siguiente fragmento:
La publicidad parece más empeñada que nunca en construir un modelo de belleza
único. Un modelo de belleza que está ligado a lo irreal, lo artificial, lo digital. Este
modelo publicitario se ha impuesto como un canon universal de belleza, que tratan
de imitar muchos de los hombres y mujeres de los diferentes países industrializados
del mundo.
Para escribir tu texto, debes tener en cuenta los siguientes pasos:
􀂾 Indaga acerca del tema de la publicidad y la influencia en el comportamiento de los
seres humanos.
􀂾 Contextualiza el tema en una problemática de tu barrio, tu colegio o tu comunidad.
􀂾 Redacta tu opinión sobre la problemática que afecta a tu comunidad.
􀂾 Inventa un título sugestivo.
􀂾 Redacta las ideas principales que vas a desarrollar en cada párrafo.
􀂾 No olvides que deben ser argumentos orientados a defender tu opinión.
􀂾 Completa las ideas principales con ejemplos, descripciones y citas textuales.
􀂾 No olvides en la redacción del texto incluir las ideas que redactaste.

􀂾 Concluye el texto con un consejo, una pregunta abierta o una síntesis del texto.

LITERATURA DE LA VANGUARDIA, JORGE LUIS BORGES GRADO 9

El milagro secreto
[Cuento. Texto completo]

Jorge Luis Borges

Y Dios lo hizo morir durante cien años
y luego lo animó y le dijo:
-¿Cuánto tiempo has estado aquí?
-Un día o parte de un día, respondió.

Alcorán, II, 261.

La noche del catorce de marzo de 1939, en un departamento de la Zeltnergasse de Praga, Jaromir Hladík, autor de la inconclusa tragedia Los enemigos, de una Vindicación de la eternidad y de un examen de las indirectas fuentes judías de Jakob Boehme, soñó con un largo ajedrez. No lo disputaban dos individuos sino dos familias ilustres; la partida había sido entablada hace muchos siglos; nadie era capaz de nombrar el olvidado premio, pero se murmuraba que era enorme y quizá infinito; las piezas y el tablero estaban en una torre secreta; Jaromir (en el sueño) era el primogénito de una de las familias hostiles; en los relojes resonaba la hora de la impostergable jugada; el soñador corría por las arenas de un desierto lluvioso y no lograba recordar las figuras ni las leyes del ajedrez. En ese punto, se despertó. Cesaron los estruendos de la lluvia y de los terribles relojes. Un ruido acompasado y unánime, cortado por algunas voces de mando, subía de la Zeltnergasse. Era el amanecer, las blindadas vanguardias del Tercer Reich entraban en Praga.

El diecinueve, las autoridades recibieron una denuncia; el mismo diecinueve, al atardecer, Jaromir Hladík fue arrestado. Lo condujeron a un cuartel aséptico y blanco, en la ribera opuesta del Moldau. No pudo levantar uno solo de los cargos de la Gestapo: su apellido materno era Jaroslavski, su sangre era judía, su estudio sobre Boehme era judaizante, su firma delataba el censo final de una protesta contra el Anschluss. En 1928, había traducido el Sepher Yezirah para la editorial Hermann Barsdorf; el efusivo catálogo de esa casa había exagerado comercialmente el renombre del traductor; ese catálogo fue hojeado por Julius Rothe, uno de los jefes en cuyas manos estaba la suerte de Hladík. No hay hombre que, fuera de su especialidad, no sea crédulo; dos o tres adjetivos en letra gótica bastaron para que Julius Rothe admitiera la preeminencia de Hladík y dispusiera que lo condenaran a muerte, pour encourager les autres. Se fijó el día veintinueve de marzo, a las nueve a.m. Esa demora (cuya importancia apreciará después el lector) se debía al deseo administrativo de obrar impersonal y pausadamente, como los vegetales y los planetas.

El primer sentimiento de Hladík fue de mero terror. Pensó que no lo hubieran arredrado la horca, la decapitación o el degüello, pero que morir fusilado era intolerable. En vano se redijo que el acto puro y general de morir era lo temible, no las circunstancias concretas. No se cansaba de imaginar esas circunstancias: absurdamente procuraba agotar todas las variaciones. Anticipaba infinitamente el proceso, desde el insomne amanecer hasta la misteriosa descarga. Antes del día prefijado por Julius Rothe, murió centenares de muertes, en patios cuyas formas y cuyos ángulos fatigaban la geometría, ametrallado por soldados variables, en número cambiante, que a veces lo ultimaban desde lejos; otras, desde muy cerca. Afrontaba con verdadero temor (quizá con verdadero coraje) esas ejecuciones imaginarias; cada simulacro duraba unos pocos segundos; cerrado el círculo, Jaromir interminablemente volvía a las trémulas vísperas de su muerte. Luego reflexionó que la realidad no suele coincidir con las previsiones; con lógica perversa infirió que prever un detalle circunstancial es impedir que éste suceda. Fiel a esa débil magia, inventaba, para que no sucedieran, rasgos atroces; naturalmente, acabó por temer que esos rasgos fueran proféticos. Miserable en la noche, procuraba afirmarse de algún modo en la sustancia fugitiva del tiempo. Sabía que éste se precipitaba hacia el alba del día veintinueve; razonaba en voz alta: Ahora estoy en la noche del veintidós; mientras dure esta noche (y seis noches más) soy invulnerable, inmortal. Pensaba que las noches de sueño eran piletas hondas y oscuras en las que podía sumergirse. A veces anhelaba con impaciencia la definitiva descarga, que lo redimiría, mal o bien, de su vana tarea de imaginar. El veintiocho, cuando el último ocaso reverberaba en los altos barrotes, lo desvió de esas consideraciones abyectas la imagen de su drama Los enemigos.

Hladík había rebasado los cuarenta años. Fuera de algunas amistades y de muchas costumbres, el problemático ejercicio de la literatura constituía su vida; como todo escritor, medía las virtudes de los otros por lo ejecutado por ellos y pedía que los otros lo midieran por lo que vislumbraba o planeaba. Todos los libros que había dado a la estampa le infundían un complejo arrepentimiento. En sus exámenes de la obra de Boehme, de Abnesra y de Flood, había intervenido esencialmente la mera aplicación; en su traducción del Sepher Yezirah, la negligencia, la fatiga y la conjetura. Juzgaba menos deficiente, tal vez, la Vindicación de la eternidad: el primer volumen historia las diversas eternidades que han ideado los hombres, desde el inmóvil Ser de Parménides hasta el pasado modificable de Hinton; el segundo niega (con Francis Bradley) que todos los hechos del universo integran una serie temporal. Arguye que no es infinita la cifra de las posibles experiencias del hombre y que basta una sola "repetición" para demostrar que el tiempo es una falacia... Desdichadamente, no son menos falaces los argumentos que demuestran esa falacia; Hladík solía recorrerlos con cierta desdeñosa perplejidad. También había redactado una serie de poemas expresionistas; éstos, para confusión del poeta, figuraron en una antología de 1924 y no hubo antología posterior que no los heredara. De todo ese pasado equívoco y lánguido quería redimirse Hladík con el drama en verso Los enemigos. (Hladík preconizaba el verso, porque impide que los espectadores olviden la irrealidad, que es condición del arte.)

Este drama observaba las unidades de tiempo, de lugar y de acción; transcurría en Hradcany, en la biblioteca del barón de Roemerstadt, en una de las últimas tardes del siglo diecinueve. En la primera escena del primer acto, un desconocido visita a Roemerstadt. (Un reloj da las siete, una vehemencia de último sol exalta los cristales, el aire trae una arrebatada y reconocible música húngara.) A esta visita siguen otras; Roemerstadt no conoce las personas que lo importunan, pero tiene la incómoda impresión de haberlos visto ya, tal vez en un sueño. Todos exageradamente lo halagan, pero es notorio -primero para los espectadores del drama, luego para el mismo barón- que son enemigos secretos, conjurados para perderlo. Roemerstadt logra detener o burlar sus complejas intrigas; en el diálogo, aluden a su novia, Julia de Weidenau, y a un tal Jaroslav Kubin, que alguna vez la importunó con su amor. Éste, ahora, se ha enloquecido y cree ser Roemerstadt... Los peligros arrecian; Roemerstadt, al cabo del segundo acto, se ve en la obligación de matar a un conspirador. Empieza el tercer acto, el último. Crecen gradualmente las incoherencias: vuelven actores que parecían descartados ya de la trama; vuelve, por un instante, el hombre matado por Roemerstadt. Alguien hace notar que no ha atardecido: el reloj da las siete, en los altos cristales reverbera el sol occidental, el aire trae la arrebatada música húngara. Aparece el primer interlocutor y repite las palabras que pronunció en la primera escena del primer acto. Roemerstadt le habla sin asombro; el espectador entiende que Roemerstadt es el miserable Jaroslav Kubin. El drama no ha ocurrido: es el delirio circular que interminablemente vive y revive Kubin.

Nunca se había preguntado Hladík si esa tragicomedia de errores era baladí o admirable, rigurosa o casual. En el argumento que he bosquejado intuía la invención más apta para disimular sus defectos y para ejercitar sus felicidades, la posibilidad de rescatar (de manera simbólica) lo fundamental de su vida. Había terminado ya el primer acto y alguna escena del tercero; el carácter métrico de la obra le permitía examinarla continuamente, rectificando los hexámetros, sin el manuscrito a la vista. Pensó que aun le faltaban dos actos y que muy pronto iba a morir. Habló con Dios en la oscuridad. Si de algún modo existo, si no soy una de tus repeticiones y erratas, existo como autor de Los enemigos. Para llevar a término ese drama, que puede justificarme y justificarte, requiero un año más. Otórgame esos días, Tú de Quien son los siglos y el tiempo. Era la última noche, la más atroz, pero diez minutos después el sueño lo anegó como un agua oscura.

Hacia el alba, soñó que se había ocultado en una de las naves de la biblioteca del Clementinum. Un bibliotecario de gafas negras le preguntó: ¿Qué busca? Hladík le replicó: Busco a Dios. El bibliotecario le dijo: Dios está en una de las letras de una de las páginas de uno de los cuatrocientos mil tomos del Clementinum. Mis padres y los padres de mis padres han buscado esa letra; yo me he quedado ciego, buscándola. Se quitó las gafas y Hladík vio los ojos, que estaban muertos. Un lector entró a devolver un atlas. Este atlas es inútil, dijo, y se lo dio a Hladík. Éste lo abrió al azar. Vio un mapa de la India, vertiginoso. Bruscamente seguro, tocó una de las mínimas letras. Una voz ubicua le dijo: El tiempo de tu labor ha sido otorgado. Aquí Hladík se despertó.

Recordó que los sueños de los hombres pertenecen a Dios y que Maimónides ha escrito que son divinas las palabras de un sueño, cuando son distintas y claras y no se puede ver quien las dijo. Se vistió; dos soldados entraron en la celda y le ordenaron que los siguiera.

Del otro lado de la puerta, Hladík había previsto un laberinto de galerías, escaleras y pabellones. La realidad fue menos rica: bajaron a un traspatio por una sola escalera de fierro. Varios soldados -alguno de uniforme desabrochado- revisaban una motocicleta y la discutían. El sargento miró el reloj: eran las ocho y cuarenta y cuatro minutos. Había que esperar que dieran las nueve. Hladík, más insignificante que desdichado, se sentó en un montón de leña. Advirtió que los ojos de los soldados rehuían los suyos. Para aliviar la espera, el sargento le entregó un cigarrillo. Hladík no fumaba; lo aceptó por cortesía o por humildad. Al encenderlo, vio que le temblaban las manos. El día se nubló; los soldados hablaban en voz baja como si él ya estuviera muerto. Vanamente, procuró recordar a la mujer cuyo símbolo era Julia de Weidenau...

El piquete se formó, se cuadró. Hladík, de pie contra la pared del cuartel, esperó la descarga. Alguien temió que la pared quedara maculada de sangre; entonces le ordenaron al reo que avanzara unos pasos. Hladík, absurdamente, recordó las vacilaciones preliminares de los fotógrafos. Una pesada gota de lluvia rozó una de las sienes de Hladík y rodó lentamente por su mejilla; el sargento vociferó la orden final.

El universo físico se detuvo.

Las armas convergían sobre Hladík, pero los hombres que iban a matarlo estaban inmóviles. El brazo del sargento eternizaba un ademán inconcluso. En una baldosa del patio una abeja proyectaba una sombra fija. El viento había cesado, como en un cuadro. Hladík ensayó un grito, una sílaba, la torsión de una mano. Comprendió que estaba paralizado. No le llegaba ni el más tenue rumor del impedido mundo. Pensó estoy en el infierno, estoy muerto. Pensó estoy loco. Pensó el tiempo se ha detenido. Luego reflexionó que en tal caso, también se hubiera detenido su pensamiento. Quiso ponerlo a prueba: repitió (sin mover los labios) la misteriosa cuarta égloga de Virgilio. Imaginó que los ya remotos soldados compartían su angustia: anheló comunicarse con ellos. Le asombró no sentir ninguna fatiga, ni siquiera el vértigo de su larga inmovilidad. Durmió, al cabo de un plazo indeterminado. Al despertar, el mundo seguía inmóvil y sordo. En su mejilla perduraba la gota de agua; en el patio, la sombra de la abeja; el humo del cigarrillo que había tirado no acababa nunca de dispersarse. Otro "día" pasó, antes que Hladík entendiera.

Un año entero había solicitado de Dios para terminar su labor: un año le otorgaba su omnipotencia. Dios operaba para él un milagro secreto: lo mataría el plomo alemán, en la hora determinada, pero en su mente un año transcurría entre la orden y la ejecución de la orden. De la perplejidad pasó al estupor, del estupor a la resignación, de la resignación a la súbita gratitud.

No disponía de otro documento que la memoria; el aprendizaje de cada hexámetro que agregaba le impuso un afortunado rigor que no sospechan quienes aventuran y olvidan párrafos interinos y vagos. No trabajó para la posteridad ni aun para Dios, de cuyas preferencias literarias poco sabía. Minucioso, inmóvil, secreto, urdió en el tiempo su alto laberinto invisible. Rehizo el tercer acto dos veces. Borró algún símbolo demasiado evidente: las repetidas campanadas, la música. Ninguna circunstancia lo importunaba. Omitió, abrevió, amplificó; en algún caso, optó por la versión primitiva. Llegó a querer el patio, el cuartel; uno de los rostros que lo enfrentaban modificó su concepción del carácter de Roemerstadt. Descubrió que las arduas cacofonías que alarmaron tanto a Flaubert son meras supersticiones visuales: debilidades y molestias de la palabra escrita, no de la palabra sonora... Dio término a su drama: no le faltaba ya resolver sino un solo epíteto. Lo encontró; la gota de agua resbaló en su mejilla. Inició un grito enloquecido, movió la cara, la cuádruple descarga lo derribó.

Jaromir Hladík murió el veintinueve de marzo, a las nueve y dos minutos de la mañana.



La intrusa
[Cuento. Texto completo]
Jorge Luis Borges
Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido. La segunda versión, algo más prolija, confirmaba en suma la de Santiago, con las pequeñas variaciones y divergencias que son del caso. La escribo ahora porque en ella se cifra, si no me engaño, un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos. Lo haré con probidad, pero ya preveo que cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor.
En Turdera los llamaban los Nilsen. El párroco me dijo que su predecesor recordaba, no sin sorpresa, haber visto en la casa de esa gente una gastada Biblia de tapas negras, con caracteres góticos; en las últimas páginas entrevió nombres y fechas manuscritas. Era el único libro que había en la casa. La azarosa crónica de los Nilsen, perdida como todo se perderá. El caserón, que ya no existe, era de ladrillo sin revocar; desde el zaguán se divisaban un patio de baldosa colorada y otro de tierra. Pocos, por lo demás, entraron ahí; los Nilsen defendían su soledad. En las habitaciones desmanteladas dormían en catres; sus lujos eran el caballo, el apero, la daga de hojas corta, el atuendo rumboso de los sábados y el alcohol pendenciero. Sé que eran altos, de melena rojiza. Dinamarca o Irlanda, de las que nunca oirían hablar, andaban por la sangre de esos dos criollos. El barrio los temía a los Colorados; no es imposible que debieran alguna muerte. Hombro a hombro pelearon una vez a la policía. Se dice que el menor tuvo un altercado con Juan Iberra, en el que no llevó la peor parte, lo cual, según los entendidos, es mucho. Fueron troperos, cuarteadores, cuatreros y alguna vez tahúres. Tenían fama de avaros, salvo cuando la bebida y el juego los volvían generosos. De sus deudos nada se sabe y ni de dónde vinieron. Eran dueños de una carreta y una yunta de bueyes.
Físicamente diferían del compadraje que dio su apodo forajido a la Costa Brava. Esto, y lo que ignoramos, ayuda a comprender lo unidos que fueron. Malquistarse con uno era contar con dos enemigos.
Los Nilsen eran calaveras, pero sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala. No faltaron, pues, comentarios cuando Cristián llevó a vivir con él a Juliana Burgos. Es verdad que ganaba así una sirvienta, pero no es menos cierto que la colmó de horrendas baratijas y que la lucía en las fiestas. En las pobres fiestas de conventillo, donde la quebrada y el corte estaban prohibidos y donde se bailaba, todavía, con mucha luz. Juliana era de tez morena y de ojos rasgados; bastaba que alguien la mirara, para que se sonriera. En un barrio modesto, donde el trabajo y el descuido gastan a las mujeres, no era mal parecida.
Eduardo los acompañaba al principio. Después emprendió un viaje a Arrecifes por no sé qué negocio; a su vuelta llevó a la casa una muchacha, que había levantado por el camino, y a los pocos días la echó. Se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián. El barrio, que tal vez lo supo antes que él, previó con alevosa alegría la rivalidad latente de los hermanos.
Una noche, al volver tarde de la esquina, Eduardo vio el oscuro de Cristián atado al palenque En el patio, el mayor estaba esperándolo con sus mejores pilchas. La mujer iba y venía con el mate en la mano. Cristián le dijo a Eduardo:
-Yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, usala.
El tono era entre mandón y cordial. Eduardo se quedó un tiempo mirándolo; no sabía qué hacer. Cristián se levantó, se despidió de Eduardo, no de Juliana, que era una cosa, montó a caballo y se fue al trote, sin apuro.
Desde aquella noche la compartieron. Nadie sabrá los pormenores de esa sórdida unión, que ultrajaba las decencias del arrabal. El arreglo anduvo bien por unas semanas, pero no podía durar. Entre ellos, los hermanos no pronunciaban el nombre de Juliana, ni siquiera para llamarla, pero buscaban, y encontraban razones para no estar de acuerdo. Discutían la venta de unos cueros, pero lo que discutían era otra cosa. Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, más allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba.
Una tarde, en la plaza de Lomas, Eduardo se cruzó con Juan Iberra, que lo felicitó por ese primor que se había agenciado. Fue entonces, creo, que Eduardo lo injurió. Nadie, delante de él, iba a hacer burla de Cristián.
La mujer atendía a los dos con sumisión bestial; pero no podía ocultar alguna preferencia por el menor, que no había rechazado la participación, pero que no la había dispuesto.
Un día, le mandaron a la Juliana que sacara dos sillas al primer patio y que no apareciera por ahí, porque tenían que hablar. Ella esperaba un diálogo largo y se acostó a dormir la siesta, pero al rato la recordaron. Le hicieron llenar una bolsa con todo lo que tenía, sin olvidar el rosario de vidrio y la crucecita que le había dejado su madre. Sin explicarle nada la subieron a la carreta y emprendieron un silencioso y tedioso viaje. Había llovido; los caminos estaban muy pesados y serían las once de la noche cuando llegaron a Morón. Ahí la vendieron a la patrona del prostíbulo. El trato ya estaba hecho; Cristián cobró la suma y la dividió después con el otro.
En Turdera, los Nilsen, perdidos hasta entonces en la mañana (que también era una rutina) de aquel monstruoso amor, quisieron reanudar su antigua vida de hombres entre hombres. Volvieron a las trucadas, al reñidero, a las juergas casuales. Acaso, alguna vez, se creyeron salvados, pero solían incurrir, cada cual por su lado, en injustificadas o harto justificadas ausencias. Poco antes de fin de año el menor dijo que tenía que hacer en la Capital. Cristián se fue a Morón; en el palenque de la casa que sabemos reconoció al overo de Eduardo. Entró; adentro estaba el otro, esperando turno. Parece que Cristián le dijo:
-De seguir así, los vamos a cansar a los pingos. Más vale que la tengamos a mano.
Habló con la patrona, sacó unas monedas del tirador y se la llevaron. La Juliana iba con Cristián; Eduardo espoleó al overo para no verlos.
Volvieron a lo que ya se ha dicho. La infame solución había fracasado; los dos habían cedido a la tentación de hacer trampa. Caín andaba por ahí, pero el cariño entre los Nilsen era muy grande -¡quién sabe qué rigores y qué peligros habían compartido!- y prefirieron desahogar su exasperación con ajenos. Con un desconocido, con los perros, con la Juliana, que habían traído la discordia.
El mes de marzo estaba por concluir y el calor no cejaba. Un domingo (los domingos la gente suele recogerse temprano) Eduardo, que volvía del almacén, vio que Cristián uncía los bueyes. Cristián le dijo:
-Vení, tenemos que dejar unos cueros en lo del Pardo; ya los cargué; aprovechemos la fresca.
El comercio del Pardo quedaba, creo, más al Sur; tomaron por el Camino de las Tropas; después, por un desvío. El campo iba agrandándose con la noche.
Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:
-A trabajar, hermano. Después nos ayudarán los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con su pilchas, ya no hará más perjuicios.
Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro círculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.

FIN