ESPECIALIZACIÓN INFORMÁTICA EDUCATIVA

miércoles, 14 de enero de 2015

CONJUNCIONES COORDINANTES Y SUBORDINANTES, GRADO 9


CLASIFICACIÓN DE LAS CONJUNCIONES
Las conjunciones son palabras que no tienen variaciones en su empleo, aunque cumplen en las

oraciones la función de relacionar algunos de sus elementos, haciendo que toda la oración

adquiera un sentido expresivo completo.

Las conjunciones se clasifican en diversos grupos, atendiendo a la función que cumplen en el

relacionamiento de los componentes de una oración.

Hay dos clases de conjunciones: coordinantes y subordinantes.
CONJUNCIONES COORDINANTES
Estas conjunciones relacionan elementos de la misma categoría sintáctica, que pueden ser:

- dos o más elementos de una oración (dos sujetos, dos complementos directos, etc.)
Los médicos y los abogados ganan mucho dinero. (dos sujetos)
Pedimos pollo y pan de maíz. (dos complementos directos)
- dos proposiciones que, juntas, forman una oración compuesta por coordinación





Terminé el informe y me fui a casa,

Me gustaría tomar más cursos, pero no tengo el tiempo.
Las conjunciones coordinantes se subclasifican en:

1. Copulativas – indican suma o adición: Y, E, NI, QUE
Y E — Integran dos complementos en la acción del verbo: Fuimos a Londres y a París. Entra y
siéntate. Cuando la palabra siguiente comienza por I, se sustituye Y por E para evitar el efecto




cacofónico:
Eres necio e ignorante; no puedes mezclar peras e higos.

Juan e Iris.

NI — Cumple la misma función entre proposiciones negativas:
No fuimos a Londres ni a París.
Ni come ni deja comer.
QUE — Funciona como conjunción cuando no resulta viable sustituirla por CUAL (precedida del




artículo que corresponda); porque si eso es posible, no se trata de la conjunción sino del

pronombre que: Estoy esperando que vengas (conjunción); el libro del que (del cual) estamos
hablando (pronombre).
2. Disyuntivas – Al unir las oraciones o las palabras, expresan una elección entre opciones: son
O, U, SEA, BIEN.
Tendré que elegir entre viajar a Londres o a París. Cuando la palabra siguiente comienza por O,
se sustituye ésta por U: Tiene que elegir entre uno u otro.




Tendré que esperarla, sea que venga o no.

Puedes tomar el sol bien en la terraza, bien en el jardín.

Eso lo hizo Pepe o Andrés.

¿Vas o vienes?

IMPORTANTE: Es bastante frecuente la acumulación incorrecta de las conjunciones Y con O;
pretendiendo con ello cubrir tanto la alternativa como la oposición:Vendemos productos






argentinos y/o brasileños.
Se trata de un empleo claramente incorrecto, por cuanto esas conjunciones expresan

contenidos idiomáticos totalmente incompatibles:
Vendemos productos argentinos y brasileños.

Importaremos productos argentinos o brasileños.

Recuerde que la conjunción o cambia a u ante palabras que empiezan con el sonido [u]:





Juan u Olga.

Grecia u Holanda.
3. Adversativas – presentan opciones excluyentes y contrapuestas: AUNQUE, PERO, MAS,
EMPERO, SINO, SIQUIERA y las expresiones: AL CONTRARIO, ANTES BIEN, SI BIEN, NO





OBSTANTE, SIN EMBARGO:

Iré a clase, aunque esté lloviendo.
Creo que son hermanos, pero no estoy seguro.
Desearía complacerte, mas no me es posible.
No pude lograrlo, empero haya hecho todo lo posible.
No llegué tarde a propósito, sino porque me quedé dormido.
No me han quedado ni siquiera unas moneditas.
No estoy equivocado, al contrario, tengo razón en lo que digo.
No ignoraba de qué estaba hablando, antes bien, estaba plenamente informado.
No es una mala película, si bien tampoco es una obra maestra.
Procuraré recibirlo, no obstante tener mi agenda completa.
Me aseguré que vendría, sin embargo todavía no ha llegado.



Debe distinguirse claramente la conjunción adversativa MAS (sin tilde), del adverbio de

cantidad MÁS.

4. Distributivas – indican que las acciones se alternan por razones lógicas, espaciales o
temporales: UNO... OTRO..., AQUÍ... ALLÍ, BIEN... BIEN..., YA... YA..., etc.





Ora leía el libro, ora observaba por la ventanilla.

Está absolutamente inquieta: ya va, ya viene.

Ya entra, ya sale. Me da lo mismo, sea que llueva, sea que no.

Unas veces canta, otras llora.
IMPORTANTE: Algunas Gramáticas consideran que las conjunciones distributivas son un tipo

especial de las disyuntivas.
CONJUNCIONES SUBORDINANTES
Las conjunciones subordinantes sólo unen dos o más proposiciones que forman una oración

compuesta por subordinación. En las oraciones compuestas subordinadas hay una proposición

principal (independiente) y una (o más) proposición subordinada (sintácticamente

dependiente de la proposición principal).
Lo sé porque él me lo dijo.

Lo sé. – proposición principal (independiente)
porque – conjunción subordinante
Él me lo dijo. – proposición subordinada (dependiente)




IMPORTANTE : La diferencia principal entre las oraciones compuestas coordinadas y las

subordinadas es que en las coordinadas tenemos dos o más elementos con autonomía

sintáctica y semántica. En cambio, en las subordinadas tenemos, por lo menos, un elemento

que depende de otro sintáctica y semánticamente.

Las conjunciones subordinantes se subclasifican en :

1. Completivas – la proposición subordinada es el objeto directo del verbo principal : QUE, SI





Me prometió que llegaría a tiempo.

Le preguntó si estaba interesada.

2. Causales – unen la subordinada que expresa causa a la principal: PORQUE, YA QUE, PUESTO






QUE, COMO.

No ignoraba de qué estaba hablando, porque estaba plenamente informado.
Lo recibí con todo gusto, pues me interesaba oír su opinión.
No me sorprendió lo dicho, puesto que ya lo sabía.





No va porque no quiere.

Como no tenía interés, decidió hacer otra cosa.

3. Consecutivas – unen la subordinada que expresa consecuencia a la principal: LUEGO, ASÍ






QUE, CONQUE, DE MODO QUE, TAN… QUE…, TANTO… QUE…
Pienso, luego existo.

Tanto gritó que se quedó sin voz.

4. Comparativas – la proposición subordinada se compara con la principal: ASÍ COMO, TAL






COMO, IGUAL QUE, MEJOR QUE, PEOR QUE, TANTO COMO…

Le atrae tanto el estudio como los deportes.
Lo interesa la música así como la literatura.
Le diré cuatro frescas, como que me llamo Juan.
Debes decirle todo, de esta manera estarás tranquilo.
Come como un animal (como un animal come).
Escribe mejor que Aníbal (mejor que Aníbal escribe).
5. Finales – la subordinada expresa la finalidad de lo que dice la principal : PARA (QUE), A FIN






DE QUE…
No piensa en eso para estar tranquila.

Es necesario estudiar para enriquecer nuestros conocimientos.
Practico la computación porque me gusta.
Siempre hay que mantenerse mentalmente activo, a fin de superarse permanentemente.
Planificaron todo cuidadosamente con el fin de que nada fuera a fallar.
6. Concesivas – la proposición subordinada expresa una restricción de lo que expresa la
principal : AUNQUE, SI BIEN, POR MÁS QUE, A PESAR DE QUE





Aunque Ana le diga que no, ella va a ir.

Por más que lo niegues, no te creo.

Me propongo resolver este problema aunque me lleve horas hacerlo.
“Pienso, luego, existo” — dijo el filósofo Descartes.
Le compraré un automóvil si aprueba todos los exámenes, pues se lo he prometido.
Ya estamos todos presentes, por consiguiente podemos iniciar la reunión. Ya estamos todos
presentes, así que podemos iniciar la reunión.
Este asunto está terminado, de manera que podemos archivar toda la documentación.
7. Condicionales – la subordinada expresa una condición de la que depende la principal : SI,






SIEMPRE QUE, CON TAL QUE, CON SÓLO QUE
Si todo sale bien, seré millonario.

Lo haría con tal que sus hijos no se enteraran.

Le avisaré, si llego a tiempo.
Hazlo como puedas.
Le hablé como si fuera su padre.
Le diré eso siempre que me escuche.
Trataré de detenerlo con tal que lo alcance.
Espero que no se haya ido dado que se lo previne.
Debería guardar reserva una vez que se lo hayamos explicado.
8. Temporales – unen a la principal la subordinada que expresa tiempo: CUANDO, DESPUÉS






QUE, ANTES DE QUE, MIENTRAS, TAN PRONTO COMO, A MEDIDA QUE
Cuando leía, le temblaban las manos.

Se fueron antes de que salió el sol.
Comenzó a llover cuando estaba llegando a mi casa.

Trataré de llegar a mi casa antes de que comience a llover.

Nos vemos luego.

Te llamaré por teléfono después de almorzar.

Iré a tu casa en seguida que termine mi horario de trabajo.

9. De lugar – unen a la principal la subordinada que expresa lugar: DONDE, ADONDE, DE






DONDE, POR DONDE
Se fue por donde vino.

El cartapacio donde pusiste los documentos está roto.

10. De modo – unen a la principal la subordinada que expresa la manera en que se realiza la
acción: COMO, SEGÚN





Cociné como pude.
Llené la solicitud según las instrucciones (según las instrucciones lo estipulan

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Grado 10. Obra de Edgar Allan Poe

El corazón late con violencia por los pasos rápidos y ruidosos que nos siguen mientras atravesamos una calle oscura. Tropezamos y caemos al suelo a causa de la carrera fantasmal y enloquecida de un gato negro. Un ruido extraño se oye en la penumbra nocturna de nuestra casa. ¿Será una rata? ¿Un fantasma? ¿Un ladrón? ¿Un ser monstruoso?
Entre 1830 y 1849, el escritor y poeta norteamericano Edgar Allan Poe describió escenas como éstas, en historias donde el crimen, el misterio y el terror se adueñaban de las fantasías colectivas de los habitantes de las grandes ciudades. Los centros urbanos reflejaban cambios: en algunos años, los pueblos con pocas casas, poca gente y pocas calles se habían transformado en ciudades con edificios de más de una planta, nuevas multitudes y mapas que parecían laberintos. Así, como testigo del crecimiento de centros como Baltimore, Filadelfia y, fundamentalmente, Nueva York, Poe hizo de la ciudad un gran enigma por resolver, con hogares que eran más bien cárceles o trampas mortales, con vecinos que podían ser locos, ladrones o asesinos, con calles que se convertían en callejones oscuros y sin salida. Del pueblito seguro y familiar se pasaba a la metrópoli insegura y extraña en la que conviven diferentes culturas, costumbres y clases sociales.
Poe imaginó y puso en palabras por primera vez temas, mitos y miedos urbanos que hoy resultan habituales. En sus cuentos surgen nuevos tipos o personajes, como el detective racional y deductivo, el policía lento e ineficaz, el criminal desafiante, inteligente y obsesivo o el animal domesticado que se humaniza y se venga del maltrato de su amo.
Sin embargo, este genio de la literatura norteamericana creó algo más: lo que hoy llamamos "cuento moderno", y los relatos de género como el policial, el cuento de terror e incluso el de ciencia ficción. Así, junto con otro escritor de su época al que admiraba mucho, Nathaniel Hawthorne, Poe pensó y dio forma definitiva a lo que hoy se conoce como cuento. Propuso a este "relato corto" como una suerte de composición o mecanismo de relojería que cuenta historias atrapantes y debe funcionar con exactitud. El buen cuento, según estas reglas, debe ser breve ("leerse de un tirón", diría Poe), impactante por su tema y su atmósfera oscura, intenso por el orden o el modo en que se cuenta la historia (lo que hoy se llama "tener suspenso") y efectista por el final. El cuento se convierte de este modo en una estructura cerrada y compacta, donde cada parte, cada palabra, debe ocupar su lugar exacto al servicio de una lectura intensa y nerviosa, culpable muchas veces de noches de insomnio.
Muchos escritores argentinos leyeron con gran admiración a Edgar Allan Poe, entre otros Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Julio Cortázar y Abelardo Castillo. En su literatura puede notarse la influencia del gran escritor norteamericano; han tomado de él temas, climas o su propuesta acerca de cómo escribir un cuento. Poe también influyó en historietas como TintinBatman o X-men, y en todo lo relacionado con la ciencia ficción y el género fantástico, desde la serie de Star Wars (por ejemplo el personaje Darth Vader) hasta la película El planeta de los simios.
Para entrar al mundo de Poe, nada mejor que algunos de sus cuentos magistrales. Quienes se interesen por el género policial pueden comenzar leyendo "Los crímenes de la calle Morgue", "El misterio de Marie Roget" o "La carta robada". Los que prefieran el terror pueden abordar "El corazón delator", "El entierro prematuro" o "El gato negro". Y luego, a tratar de dormir y tener felices sueños.

Su época

El mundo a comienzos del siglo XIX
Tiempo de grandes cambios
Estampilla de Boston, siglo XIX
En los últimos decenios del siglo XVIII, el mundo sufrió cambios sustanciales y bastante rápidos. La Revolución Industrial, que tuvo lugar en Inglaterra, modificó las historias nacionales y las relaciones internacionales entre los países.
La revolución tecnológica estuvo precedida por importantes cambios económicos. En el centro y occidente de Europa, por ejemplo, los mercados locales y regionales se desarrollaban con gran rapidez. El abundante éxodo de pobladores rurales, que buscaban otro estilo de vida, acrecentaba la población de los centros urbanos. Allí, todos se transformaban en compradores forzados de alimentos y de otros productos indispensables, y el mercado interno crecía. Por su parte, el mercado internacional se ampliaba sin cesar, y estimulaba la producción de bienes.
En el campo de las ideas políticas, la realidad se presentaba contradictoria. La Revolución Francesa, que había proclamado los derechos del hombre y del ciudadano, daba paso a los gobiernos de monarquía centralizada, que rápidamente se extendieron por el continente europeo. En América, la independencia de los Estados Unidos había dado origen a una república con instituciones muy estables, pero basada en la esclavitud.
El surgimiento de la burguesía en Europa

La burguesía industrial, nacida de las transformaciones económicas recientes, exigía al Estado que se suprimieran todos los obstáculos que limitaban su capacidad de producir, de vender y de ganar. Surgía una nueva doctrina económica: el liberalismo. Este triunfo de la burguesía en el plano económico fue acompañado por la difusión en la sociedad europea de los valores burgueses, apoyados en una fuerte confianza en el progreso material que prometía la industrialización. ¿Cuáles eran estos valores? Entre otros: la convicción de que los hombres eran los únicos responsables de su propio destino; una sólida fe en la ciencia y en la propiedad privada. Así, todo lo que alterara el orden "natural" de las cosas era visto como una amenaza misteriosa.
Esta confianza en el progreso, que descansaba en un cierto bienestar económico, abrió las posibilidades del ascenso social. ¿Cómo se lograba? Básicamente a partir de hacer buenos negocios, de contar con una educación que permitiera acceder a una profesión o de seguir la carrera militar. Sin embargo, para el común de la gente de la época -que no contaba con recursos económicos-, el ascenso social era simplemente un sueño.
La sociedad en Estados Unidos
La revolución burguesa no fue igual en todo el mundo. Después de su independencia, en 1776, los Estados Unidos se mantuvieron al margen del acontecer político mundial para dedicarse a su consolidación interior.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, esta joven nación experimentó su propio desarrollo, su propia revolución. Como resultado de un gran avance técnico, se crearon las bases de la división de la economía norteamericana. Las fértiles tierras del Noroeste se destinaron a la agricultura, mientras que las industrias se localizaron en el Nordeste. Allí se multiplicaban las ciudades y se acumulaba el capital. Mientras tanto, el sur se dedicaba a la producción de algodón, tabaco y arroz. Esta especialización de la economía, unida al aprovechamiento integral de las diferentes regiones, impulsó de manera vigorosa el desarrollo industrial de los Estados Unidos.
La aparición de los extraños
Aviso publicado en un periódico de la época
Con el aumento de la población en los centros urbanos, el mundo cambió su fisonomía. La geografía de las ciudades se modificó, y con ella, la vida de la gente. Allí donde antes había poblados, donde todas las familias se conocían entre sí, surgieron, de pronto, las multitudes anónimas. Con la consolidación de las naciones vinieron también sus instituciones de control, como la policía. Rápidamente se desarrollaban nuevas formas de identificar tanto a las personas como a los lugares y las propiedades. En las ciudades, la gente empezó a acreditar su identidad, y las calles comenzaron a tener nombre y número. Por las noches, los nuevos faroles de gas creaban sombras fantasmales en las calles. Nacía el miedo a los extraños, a lo desconocido que acechaba muy cerca, a las amenazas que podían ocultarse detrás de cualquier puerta o de cualquier rostro, a la vuelta de cualquier esquina.