martes, 2 de noviembre de 2010

LA IRONÍA EN EL CUENTO BREVE DE MONTERROSO

La ironia es un elemento que utiliza Monterroso en la creación de minicuentos, a partir de éste recurso el autor cuestiona y debilita las convenciones sociales y literarias. a continuación se expone el sentido de la ironia en los cuentos de Monterroso.

Entendamos, en primera instancia, a la ironía como “la presencia simultánea de perspectivas diferentes (…que) se manifiesta al yuxtaponer una perspectiva explícita, que aparenta describir una situación, y una perspectiva implícita, que muestra el verdadero sentido paradójico, incongruente o fragmentario de la situación observada”.4 Wayne Booth, en su Retórica de la ironía5, afirma que cuando una ironía es comprendida —interpretada correctamente— se crea
cierta complicidad entre quien la emite y quien la recibe: “la emoción dominante al leer ironías estables suele ser la de un encuentro, un hallazgo y una comunión con espíritus afines”.6 Tal complicidad se rompe —o simplemente no tiene lugar— cuando la interpretación del lector no concuerda con la intención del autor; sin embargo, las posibilidades de lectura de la ironía no se quedan ahí.
Las formas en que se presenta la ironía narrativa en los intertextos-Monterroso otorgan la posibilidad de hacer otras lecturas diferentes y reinterpretar la ironía, es decir, usar el texto. Este modo distinto de reformular la lectura de los textos es lo que Umberto Eco plantea como descodificación aberrante, la cual “se refiere sólo a una descodificación que, en lugar de ajustarse a las intenciones del emisor, echa por tierra los resultados de las mismas. Tal
descodificación es aberrante respecto del efecto previsto, pero puede constituir una manera de hacer que el mensaje diga lo que podía decir o bien otras cosas también interesantes para los fines del destinatario”.7 Esta divergencia entre dos tipos de lectura de la ironía, Booth la propone en la diferenciación de ironías estables e inestables.

Problemas de interpretación de la ironía
La interpretación podemos entenderla como la actualización semántica de lo que el texto quiere decir. Ese ‘querer decir’ podemos traducirlo como la intención de quien construye ese texto: el autor. Las marcas mediante las cuales el autor nos hace saber su intención son precisamente las estrategias de comunicación literaria. La interpretación de un texto requiere la presencia de un lector capaz de descifrar esas marcas, un lector cooperante que, de hecho,
se postula desde el texto, desde el autor, como su lector modelo. Éste debe poseer un conjunto de conocimientos, de condiciones necesarias que hagan posible la interpretación de un texto específico, es decir, debe poseer competencias para descodificar el mensaje. Así, la interpretación consistiría en la identificación, por parte del lector, de marcas en el texto que suponen la intención del autor.
Todo lo anterior ha sido necesario para llegar a formular la siguiente pregunta: ¿qué sucede cuando dejamos la concepción de texto –en el sentido más elemental— para pasar a la interpretación del intertexto cuya construcción se basa en la ironía narrativa?
La lectura de un texto parece sencilla. La lectura de un intertexto implica la dificultad del reconocimiento de las marcas de otros textos, además de la percepción de su doble coherencia: una que presenta el texto como tal y otra que crea relaciones con otros textos.8 Pero si agregamos a la estructura del intertexto su construcción a través de la ironía narrativa, que a su vez posee una doble estructura —literal y oculta— observamos una complicación ambigua para el acto interpretativo.
Booth explica que en una obra de ironía estable, el significado central de las palabras es fijo y unívoco. Para lograr descifrar ese significado, el lector debe valerse de sus competencias para ‘rastrear’ las pistas que lo lleven a la interpretación del autor y entonces dar sentido y significación al enunciado irónico. La afirmación irónica representa todo un conjunto de creencias relacionadas, a esta representación se le llama construcción. La afirmación es irónica
cuando provoca disonancia cognitiva, es decir, la incongruencia es tan grande entre el sentido y la literalidad que resulta insoportable.9 Así la afirmación se rechaza por incongruente a la construcción y se lleva a cabo un proceso de reconstrucción que implica todo un nuevo conjunto de proposiciones (significados posibles). Con esto se propone al lector de ironías
que reformule el significado y asimile la ironía.
La interpretación del intertexto irónico la entenderemos como reconstrucción de la ironía. Si la ironía alude a otros textos, ocultándolos en su estructura para construir intertextos, la única manera de distinguir estos textos ocultos, entendidos como significado unívoco, es poner en juego las competencias del lector.

Dimensiones pragmática y semántica de la ironía
La ironía en los intertextos-Monterroso toma la forma de dos géneros específicos, la sátira y la parodia. Los textos que analizaremos más adelante se han distinguido dentro de esta especificidad. Esto es sobre la base de que “la distinción entre la parodia y la sátira reside en el blanco a que se apunta”.10 Según Linda Hutcheon “un texto paródico es la articulación de una síntesis, una incorporación de un texto parodiado (de segundo plano) en un texto parodiante,
un engarce de lo viejo en lo nuevo”. La sátira, por otra parte, “tiene como finalidad corregir, ridiculizándolos, algunos vicios e ineptitudes del comportamiento humano”.11
la ironía satírica, hay un señalamiento peyorativo, evaluativo sobre de lo que se está haciendo burla o criticando. En este plano de la ironía, el lector-receptor no pone en juego sus competencias literarias, sino más bien las axiológicas, su visión del mundo. Así, el blanco de la parodia será solamente un texto o las convenciones literarias, y el de la sátira será extratextual, apuntando a situaciones morales y sociales, no literarias.

Lectura de la ironía estable
Portémonos ahora como buenos lectores e interpretemos las ironías paródicas contenidas en los siguientes microtextos reconociendo las referencias pre-textuales.
Saber que no se sabe nada Sócrates dijo: “Sólo sé que no sé nada”. En la antigüedad esto le valió la reputación de ser el filósofo más ignorante hasta nuestros días. Por eso, más listo, su discípulo Platón dejaba entrever apenas que él solamente lo había olvidado todo.
Este intertexto irónico se presenta totalmente como antífrasis, en tanto que exhibe exactamente el sentido opuesto de lo que conocemos sobre Sócrates y Platón. Precisamente esa frase —que, según Eduardo Torres le valió la fama del filósofo más ‘ignorante’ (palabra en la que radica la ironía)— fue la que lo postuló como el más sabio e importante de la filosofía antigua. Platón, por su parte, “había olvidado todo” —afirmación irónica— cuando
él, en realidad, explicaba que filosofar significaba ‘recordar’ cuando nuestras almas convivieron con ideas perfectas, esto de acuerdo a la Teoría de las Ideas postuladas por él, en la cual las ideas son entes trascendentes, suprasensoriales y perfectos (sobre todas las cosas) preexistentes en nuestra alma.12

La ironía, en los dos análisis anteriores y sobre los pre-textos que parodia, toma la forma de metalogismo al requerir el conocimiento de los referentes externos para lograr el efecto. No obstante, también podemos pensar sobre este texto que existe ironía de pensamiento, en la cual se toma la opinión del otro para poner en evidencia la falta de sentido de su criterio, o bien, reproducir su punto de vista poniendo énfasis en sus puntos débiles.13 Este tipo de ironía
se manifiesta al tomar la literalidad de lo dicho por Sócrates y Platón: ¿cómo es posible que se tome por el más sabio de los filósofos a aquél que afirma no saber nada? (Platón fue más listo al haber dicho que olvidó todo, rasgo de que alguna vez supo algo). En lo que toca a la ‘amnesia’ de Platón, tal vez se deba a la posición refutadora del autor de no
creer en un universo de ideas perfectas, cuya formulación en ‘esta vida’ consiste en recordarlas. Tal vez el argumento general para esta ironía de pensamiento radica en la postura de que aquellas reflexiones filosóficas son demasiado metafísicas, tal vez ingenuas y poco coherentes con la realidad del pensamiento contemporáneo.
En este ejemplo de ironía paródica pudimos observar la incongruencia del enunciado literal y el
reconocimiento de pre-textos, así como la intención del autor, más o menos aproximada, para estabilizar su lectura.
Como éste podemos hallar bastantes ejemplos en buena parte de la obra de Monterroso.
La ironía, en el análisis anterior, se presenta como estable al aludir a pre-textos literarios o susceptibles de ser reconocidos por el lector. En casos como este, la ironía se muestra como estrategia de intertextualidad moderna, en tanto que las relaciones al exterior las establece el propio texto, no el lector.14 La intertextualidad moderna refiere textos concretos, como dijimos antes, bien reconocibles, de un modo claro y un tanto demostrativo. Esto lo hace a través
de tácticas como la alusión y la parodia, la cita, la polémica, etc. Sin embargo, la función de la intertextualidad moderna en Monterroso no parece ser la de destruir pre-textos al considerarlos símbolos de lo viejo,15 sino al contrario, dice el mismo Monterroso que la función del escritor es “mantener vivo y con decoro precisamente lo que ya ha sido dicho
antes”.16

Página Wed: http://148.206.107.10/biblioteca_digital/estadistica.php?id_host=10&tipo=ARTICULO&id=3709&archivo=10-250-3709vrb.pdf&titulo=La ironía en la minificción de Augusto Monterroso.

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